Prensa Press 2021

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La modernidad de las formas antiguas: los hermanos Zapico en Lugo

Bachtrack | 2 de mayo de 2021

Entre todos los compositores interpretados, Gaspar Sanz tuvo un especial énfasis. Su música abrió el concierto con una sugerente y envolvente recreación de su Marionas. Pero también pudimos escuchar de él valiosas interpretaciones de sus arrebatadas Jácaras o de su intimista Españoleta. Melodías las de este compositor que nos trasladan a un pasado remoto y desconocido, pero al mismo tiempo música atemporal, que habla muy de cerca al oyente del siglo XXI y más aún en las recreaciones de Forma Antiqva, que combinan sabiamente lo auténtico y lo creativo.

Entre las elaboradas piezas de Kapsberger y de reveladoras ediciones anónimas españolas, destacó igualmente la música de Santiago de Murcia. De él escuchamos piezas como su sublime Grabe que nada tiene que envidiar a los recurrentes Adagios del Barroco italiano. Sus Folías galegas fueron el mejor homenaje al público lucense. No me cabe duda de que, a pesar de los siglos transcurridos, esta música tocó el corazón del público lucense, que completaba el aforo disponible, tan cerca como el mío propio. La recreación de Forma Antiqva, a pesar del reducido número de instrumentistas tuvo un sorprendente carácter sinfónico. Una vez más el Salón de columnas del Círculo de las Artes, mostró su idoneidad para este tipo de repertorio. Las Cumbees y la Giga del mismo compositor, interpretada ésta como propina, tuvieron un carácter más lúdico y placentero. En la interpretación de la primera tuvo un mayor peso el clavecín de Aarón Zapico mientras en la segunda fueron respectivamente la guitarra y la tiorba de Pablo y Daniel quienes llevaron el protagonismo. Pero en todas las interpretaciones hubo un muy cuidado y trabajado balance entre los tres instrumentistas, quienes se hermanaron -nunca mejor dicho- en ofrecer al público interpretaciones de altísimo voltaje, en muchos aspectos diferentes a sus grabaciones discográficas de este repertorio, convirtiendo el concierto en un hecho único ¡que se hizo breve para todos!, a pesar de la generosa propina.

Pablo Sánchez Quinteiro

Recuperando la primavera

La Nueva España | 16 de abril de 2021

El tercer concierto de la VIII edición de la Primavera Barroca tuvo un protagonista indiscutible: el compositor español Francisco José de Castro. “La Real Cámara” ya había interpretado en Oviedo los conciertos del opus número 1 del “Spagnuolo”, y en esta ocasión hicieron lo propio con los ocho conciertos que integran su opus número 4 (una verdadera lástima que los números 2 y 3 se hayan perdido). Para completar el programa, dos conciertos de Giuseppe Torelli, contemporáneo y mentor de José de Castro.

A pesar de la brevedad de los conciertos, la música de Castro no tiene nada que envidiar a la de otras figuras de gran peso en el panorama musical universal como Corelli o el propio Torelli. Además, la esmerada interpretación de “La Real Cámara” contribuyó enormemente a esta visión atractiva de las obras del español, desplegando sobre la sala de cámara del auditorio un crisol de sonoridades que varió desde la brillantez de los violines al lustre de la trompeta, la dulzura del oboe, la profundidad del violonchelo o el siempre colorista y sugerente rasgueo de la guitarra barroca.

Los tres primeros conciertos fueron ejecutados con mucha solemnidad y delicadeza, con algunos bellos diálogos entre los violines, en el primero, y un buen Gutiérrez al oboe, desarrollando con acierto las agilidades en un segundo concierto con alguna reminiscencia incluso a Bach en determinados pasajes. Para cerrar esta primera sección del programa, el “Concerto per la tromba Estienne Roger 188 en re mayor” de Torelli, donde Casañ (trompeta) mostró un buen fiato y, al igual que su compañero del oboe, supo insuflar aire de forma constante para aportar volumen a las frases y redondear su actuación.

Nuevamente tres conciertos del “Accademico Formato” (bajo cuya autoría estaría José de Castro), donde la formación comandada por Emilio Moreno lució equilibrada, siempre bien ensamblada y balanceada, matizando las melodías y los materiales temáticos que saltaban de un instrumento a otro aportando gran riqueza a la obra y al oyente.

El segundo concierto de Torelli que se ponía en liza demostró que los estilos de ambos compositores están íntimamente ligados, dando paso al expresivo “concerto settimo”, quizá el más melancólico y nostálgico de todo este opus del compositor sevillano por el carácter de sus melodías, especialmente en los movimientos lentos lo cual resultó todavía más efectista en contraste con las partes más veloces. En el último, que cerraba la velada musical, todos estuvieron muy concentrados e implicados en cuidar el volumen y la emisión. En definitiva, algo más de una hora de música donde quedó claro que “La Real Cámara” sigue recuperando patrimonio nacional y, el público ovetense, la primavera que le han robado.

La Real Cámara y el ‘Torelli español’

Scherzo | 16 de abril de 2021

El siglo XVII español es, musicalmente hablando, de lo más atípico. Y no lo es solo comparado con lo que había fuera en ese mismo periodo (no llega ni por lo más remoto a la majestuosidad de la música francesa, de la italiana, de la alemana o, incluso, de la inglesa), sino con lo que ha habido y con lo que habrá dentro (lo que ha habido son es una inigualable producción polifónica durante el Renacimiento y lo que habrá es la italianización del Barroco durante el siglo venidero). Más aún: comparada con cualquier otra de las bellas artes españolas de esa centuria (sobre todo, la pintura y la literatura, abarcando esta última también el teatro), la música resulta bastante enclenque. Baste un simple dato: en las últimas décadas del XVII y en las primeras del XVIII, apenas se compone en España música instrumental, lo cual es una paradoja si tenemos en cuenta que ese es el momento de la eclosión de la sonata y del concierto en el resto de Europa.

Entre los contadísimos ejemplos de música instrumental española de aquel periodo hay que destacar al sacerdote sevillano Francisco José de Castro (1670-1730). Pero, claro, en lo musical Castro tuvo bien poco de español: en edad aún joven se estableció en el norte de Italia. Primero, en Brescia, donde compuso sus Trattenimenti armonici op. 1, un conjunto de diez sonatas en trío publicadas en 1695 por la imprenta del editor boloñés Giacomo Monti (fl. 1632-1689). El violinista Emilio Moreno escuchó hablar por primera vez de Castro hace ya muchos años, por boca de la clavecinista oriolana Genoveva Gálvez, recientemente fallecida. Los grabó para el sello discográfico de RTVE en 1988 (junto al violinista Ángel Sampedro, el violagambista Sergi Casademunt y el clavecinista Albert Romaní) y en 2016 hizo una segunda lectura para el sello Glossa (junto al violinista Enrico Gatti, a la violonchelista Mercedes Ruiz, al laudista Pablo Zapico y al clavecinista Aarón Zapico). Moreno no dudó en calificar entonces a Castro como el “Corelli español”, por la similitud estilística con las sonatas de Arcangelo Corelli (1653-1713).

La imprenta de Monti publicó en 1708 —como un Op. 4— ocho concerti accademici de un ignoto compositor que utilizaba el pseudónimo de “Accademico Formato”. Dado que se trataba del mismo editor, teniendo en cuenta que Castro perteneció a la bresciana Accademia dei Formati y, por último, considerando que el sevillano dejó por esos años Brescia para instalarse en Bolonia bajo el manto protector de Giuseppe Torelli (1658-1709), todo apunta a que “Accademico Formato” no era otro que el propio Francisco José de Castro. De nuevo Emilio Moreno, con los mismos compañeros de viaje que tuvo cuando recuperó el Op. 1 de Castro, desempolva ahora estos ocho concerti accademici (sí, ya lo sé, existe una grabación de una formación valenciana, con instrumentos modernos, realizada hace no mucho, pero es mejor echar tierra sobre ese asunto… por el bien de Castro).

Con los mismos compañeros de viaje, no exactamente, ya que ha añadido al oboísta Rodrigo Gutiérrez y al trompetista Ricard Casañ. ¿Y por qué? Pues porque esta música se alumbró en Bolonia, donde estaba —y sigue estando— la Basílica de San Petronio, meca de la trompeta en aquel momento gracias, principalmente, a Giaccomo Antonio Perti y al ya mencionado Torelli, que fue alumno suyo. De estos ocho concerti accademici, cinco son con oboe, dos son con trompeta (exactamente se dice en la partitura que son con oboe, pero que se puede tocar “una tromba in mancanza dell’oboè”) y el último es con oboe y trompeta. Por la misma razón que Moreno, cuando abordó el Op. 1 de Castro, dijo que se trataba del “Corelli español”, ahora, con el Op. 4, no tiene reparos en decir que estamos asimismo ante el “Torelli español”.

La calidad de estos ocho conciertos (todos ellos, de muy breve duración) es formidable. En mi opinión, están muy por encima de los trattenimenti del Op. 1. El oboe les confiere una elegancia inaudita y la trompeta los dota de una formidable grandiosidad. Precisamente por su cortedad en cuanto a tiempo, Moreno opta por incluir en el programa el magnífico Concerto per la tromba en Re mayor (publicado en Ámsterdam por el editor Estienne Roger, un hugonote que huyó de Francia tras la revocación del Edicto de Nantes y que se asentó en esta ciudad holandesa en 1691) y la Sinfonia à tre en Do mayor op. 5 nº 5 (para dos violines, violonchelo y bajo continuo, datada en 1692).

A estas alturas, La Real Cámara no precisa de presentación. Cumplidos ya los treinta años de existencia, es uno de los grupos camerísticos nacionales más sólidos y baqueteados, tanto en Barroco como en Clasicismo (ahí están sus referenciales grabaciones de Luigi Boccherini, por ejemplo). Sí es menester, en cambio, extenderse en ciertas consideraciones sobre los dos solistas de viento. Rodrigo Gutiérrez ha tocado el oboe con algunas de las más importantes orquestas historicistas del continente (y casi de más allá del continente, ya que fue colaborador de MusicAeterna cuando la formación de Teodor Currentzis tenía su sede oficial en la siberiana Perm). Y lo sigue tocando, aunque ahora se prodiga menos, ya a su faceta de oboísta ha añadido la de cantante (es tenor). Ricard Casañ ha dejado amplias muestras de su maestría con orquesta nacionales e internacionales, y su fiabilidad resiste cualquier prueba (y eso que es de los trompetistas que recurren, para modular, a un solo agujero, en lugar de los de tres —y últimamente, hasta cuatro— que parece que se han impuesto de forma definitiva). Lo de ambos en este concierto del Auditorio Nacional fue toda una clase magistral de cómo tocar estos dos endiablados instrumentos.

En suma, música bellísima, con una interpretación de muchísimos quilates por obra y gracia de Emilio Moreno, al que tal vez algún día este país le reconozca oficialmente la impagable e incansable labor de recuperación patrimonial que ha realizado y que sigue realizando.

MADRID / Una tarde en el Café Zimmermann con Forma Antiqva

Scherzo | 10 de abril de 2021

Madrid. Teatro Fernán Gómez. 9-IV-2021. II Festival Música Antigua Madrid. Forma Antiqva. Director y clave: Aarón Zapico. Obras de Telemann.

Se conoce como Café Zimmermann, aunque su verdadero nombre era Zimmermannsche Kaffehaus. Se trataba de la cafetería que Gottfried Zimmermann poseía en Leipzig y que alcanzó fama (local, entonces; universal, a partir de los años 70 del pasado siglo) porque en ella Johann Sebastián Bach estrenó un puñado de cantatas profanas (por ejemplo, Schweigt stille, plaudert nicht, cuyo sobrenombre es Cantata del café) y obras instrumentales.

Pero antes de que Bach apareciera por allí, ya había alcanzado popularidad en el Zimmermann su compadre, Georg Philippe Telemann (llevó a la pila bautismal en 1714 a Carl Philipp Emanuel, segundo vástago del Johann Sebastian y Maria Barbara, nacido cuando residían en Weimar). Desde el año 1720, el Zimmemann alojó las veladas musicales en las que Telemann, por ese entonces un joven estudiante de Leyes, dirigía al Collegium Musicum, pequeña orquesta integrada por jóvenes universitarios que, como él, poseían ciertos rudimentos musicales. Los conciertos eran gratuitos, si bien el posadero se debió de forrar vendiendo humeantes tazas de café y dulces para acompañar esta bebida que, por esos años, causaba furor en toda Europa.

Forma Antiqva, la agrupación de cámara que dirige el clavecinista Aarón Zapico, ha querido recrear en el Festival Música Antigua Madrid cómo pudo ser una de aquellas veladas cafetero-musicales del Zimmermann de los años 20, con Telemann tocando el violín o la flauta de pico, vaya usted a saber, porque Telemann, además de compositor (el más prolífico de la historia), fue un virtuoso de ambos instrumentos… y de otros muchos: la viola da gamba, la flauta travesera, el órgano, el oboe o el salmoé.

Buena parte de la producción de Telemann tiene a la flauta de pico como protagonista. No es difícil deducir el porqué: como avispado empresario que asimismo era (en 1728 fundaría Der getreue Musikmeister, uno de los primeros periódicos musicales de la historia, en el que cada quince días se publicaban las partituras por entregas de obras de cámara), sabía que en las casas de aquella incipiente burguesía germana este instrumento era uno de los más apreciados, quizá porque resultaba uno de los menos complicados de tocar. A Telemann le obsesionaba vender muchas partituras, pues era la única manera de abonar las cuantiosas deudas que contraía sin cesar su manirrota esposa.

Forma Antiqva (los tres hermanos Zapico, con Aarón al clave, Daniel a la tiorba y Pablo a la guitarra, junto con el flautista Alejandro Villar, el violinista Daniel Pinteño y la violonchelista Ruth Verona) ofreció varias sonatas en trío y varias sonatas para flauta de pico en un programa jovial y desenfado que hizo las delicias de los asistentes. Al acabar, lo que pedía el cuerpo era una buena taza de café, en vez de las habituales cervezas postconcierto.

Eduardo Torrico

ドイツのレーベルWinter & Winter発、グローバルでクリエイティヴな3作品

Mikiki | 18 de marzo de 2021

3兄弟からなるスペインの古楽器アンサンブル、フォルマ・アンティクァによる、18 世紀バロック期マドリードの劇場で活躍した幻の作曲家Vicente Baset (1719-1764) 作品の世界初録音。
当時音楽的中心だったイタリアのスカルラッティ、またはテレマンやヴィヴァルディの作風を彷彿するがリズムの鮮烈さはスペインのもの。
代表のアーロン・ザピコ曰く、曲中に「Allegro con Valentía」つまり「勇気を伴って」との珍しい指示が作品全体の解釈に影響を与えたとのこと。譜面に真っ当に向き合いつつも陰影に満ちた演劇的な解釈で、清々しい充実感を与える。

«Primera grabación mundial de la obra del compositor desconocido Vicente Baset (1719-1764), activo en los teatros de Madrid durante el Barroco del siglo XVIII, por Forma Antiqva, conjunto de instrumentos españoles antiguos formado por tres hermanos.
Recuerda al italiano Scarlatti, centro de la música en ese momento o al estilo de Telemann o Vivaldi, pero con la viveza del ritmo de España.
Según Aarón Zapico, la insólita instrucción "Allegro con Valentía" ("con coraje") en uno de los movimientos influyó en la ejecución de toda la obra. La interpretación teatral, que está llena de contrastes, se enfrenta correctamente a la partitura, dando una refrescante sensación de plenitud.»

Forma Antiqva: Medicina para el alma

La Nueva España | 4 de febrero de 2021

"Forma Antiqva" es uno de los grupos asturianos más laureados a nivel nacional e internacional, algo que ha granjeado las simpatías del público ovetense hacia la formación de “los Zapico”. Quizá esta apuesta por la programación de artistas locales sea uno de los pilares sobre los que deba sustentarse la regeneración de la centenaria institución ovetense: hasta ahora todos ellos han demostrado un gran nivel, realizan sus interpretaciones visiblemente motivados y emocionados y suponen una poderosa atracción para el público.

"Concerto Zapico Vol. 2" es uno de los trabajos discográficos de los hermanos Zapico y supone un recorrido que nos involucra de lleno en la música barroca, de la mano de autores como Gaspar Sanz, Farnaby, Santiago de Murcia, Kapsperger o Vitali, un repertorio los hermanos Zapico controlan con total brillantez. Este dominio se pudo percibir en el hábil manejo de la agógica, en el discurrir de las líneas melódicas, muy ajustadas a un fraseo correcto, y en cómo imprimían a cada pieza ese carácter bailable con el que ganan frescura y movimiento.
Además, el tratamiento de las ornamentaciones y las resoluciones en las cadencias son de una factura muy bella y elegante.

Ahora bien, al margen de estas cualidades colectivas, los integrantes de "Forma Antiqva" se distinguen, a su vez, por ser excelentes solistas. Daniel hace de la tiorba un apéndice más de su cuerpo. Capaz de acompañar con solvencia a sus hermanos, tiene la particularidad de desarrollar con aplomo pasajes más virtuosos, logrando un sonido doliente en las “Españoletas”. Pablo aporta un sinfín de colorido con cada rasgueado de su guitarra barroca, y Aarón maneja el clave con una agilidad pasmosa. Muy seguros en todo momento, optaron por un volumen muy contenido, cuidando la emisión y recreándose en su sonoridad.

También se atrevieron con varias danzas de carácter más folclórico cuyas melodías son fácilmente reconocibles de la música tradicional: unas Folías gallegas, una Giraldilla de Sama de Langreo y un Fandango de Leitariegos, esta última, con un sonido algo más presente y de carácter más trepidante y enérgico.

En líneas generales, las piezas interpretadas durante el concierto, atractivas y delicadas, fueron un remanso de paz para los asistentes, al mismo tiempo que una ocasión para valorar el indispensable papel que juega la Sociedad Filarmónica en cualquier ciudad. Como el propio Aarón explicó: «Las Filarmónicas son un tesoro a preservar»; la música de "Forma Antiqva", medicina para el alma.

Jonathan Mallada

Bach luminoso y fecundo (Grandes Autores e Intérpretes de la Música)

Ritmo | 3 de febrero de 2021

Más serenidad y recogimiento que la pretendida obscuridad que insinuaba su gótico titular inglés "Dark Bach", en el espectáculo musical con apoyo de imágenes “congeladas" ofrecido por el Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música de la Universidad Autónoma de Madrid. Una velada musical que contara con el protagonismo del dúo formado por Emilio Moreno a la viola da braccio, y Aarón Zapico al clave.

Un recogimiento que se amparó en la siempre generosa y sufrida música de Bach y, por su significado expreso, de buen número de sus reveladores preludios corales entre otras piezas, ajustado a una interpretación que se acercó a la hora de duración, sin interrupciones. Casi todo un nuevo sermón, vertido entre tinieblas con la sola y blanca luz glacial en pantalla, del recio e impertérrito Thomaskantor de Leipzig desde su púlpito musical.

En tiempos, repetía un recordado profesor del Conservatorio Superior madrileño: "Bach es el enemigo de todos los músicos". Él se refería, claro está, a la impresionante cantidad de hallazgos, especialmente armónicos, que en su música encontramos. Una riqueza ante la que es fácil palidecer y sucumbir como creador, bisoño a su lado. Bien. Cuando experimentamos la capacidad, la impresionante flexibilidad de adaptación, no sólo de arreglo instrumental más o menos apropiado o veleidoso, sino incluso conceptual, que permite la concisión de la música bachiana, uno se queda asombrado de cómo está afirmación se confirma en otros terrenos insospechados... Mucho más allá de lo simplemente técnico musical.

Y así fue una vez más esta tarde de la sala de cámara del Auditorio Nacional, en una contrita miscelánea de obras originales y arreglos para viola da braccio, sin o, mayormente, con clave, del repertorio del de Eisenach, elegidos con efectivo sentido homogéneo y acompañados de luminosas imágenes -una por pieza- con relativa análoga uniformidad de una Antártida no menos impertérrita.

Y tal fue el efecto de virtual detención del tiempo, que bien les costó a los dos intérpretes de facto hacer entender al público, en la obscuridad de una sala silenciosa y ante la consumación de la última partitura e imagen, que el programa, efectivamente, había concluido.

Me hago eco, también para terminar aquí, de aquella recomendación bachiana de sugestivo inicio en el, a su manera, lenitivo y esperanzador coral B.W.V. 641: "Wenn wir in höchsten Nöten sein..." -“Si estamos en situación desesperada… y no sabemos dónde buscar ayuda y consejo..."-. Rellenen ustedes o, si prefieren, completen la letra con el coral original.

La insondable hondura del Bach más oscuro

Scherzo | 31 de enero de 2021

Para quienes hemos seguido desde la niñez las grandes gestas del alpinismo, el nombre de Jerónimo López nos resulta extraordinariamente familiar. En 1978, López fue, junto a Miguel Ángel García Gallego (el patriarca de la saga de los “Murcianos”), el primer español en escalar la mítica pared de El Capitán (914 metros de perfecta verticalidad), en el Yosemite californiano. Y en 1988, López hizo cumbre, sin necesidad de oxígeno, en el Everest. Geólogo y profesor de Geodinámica en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), López es, sin duda, uno de los mayores expertos mundiales en los polos. Conoce la Antártida como el salón de su casa por su profesión, pero también por su vocación montañera: en 1990 holló el monte Vinson, la cima más alta del continente del hielo, en una ascensión en la que tuvo que soportar temperaturas próximas a los 40 grados bajo cero.

Por todo ello (y por Bach, por supuesto), me resultó tremendamente emotivo el concierto de anoche en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional. Me explico: organizado por la UAM dentro de su ciclo Grandes Autores e Intérpretes de la Música, durante el concierto se proyectaron en una pantalla gigante imágenes imponentes de la Antártida, realizadas en sus varias estancias allí por Jerónimo López. La cuestión visual, unida a lo inusual de la música interpretada, hizo de esta experiencia algo memorable.

Desde las remotas referencias que podamos tener de ella (la expedición de 1874, con dramático final, de Ernst Shackleton al mando del “Endurance” me sigue pareciendo una gesta comparable a la llegada del hombre a la Luna), la Antártida resulta siempre turbadora. Tanto como pueda serlo esta música del Bach más oscuro. Son movimientos de una serie de obras (sonatas, cantatas y corales para órgano) que Emilio Moreno ha ido adaptando para viola y clave desde el absoluto conocimiento que de Bach le confieren cuatro largas décadas interpretándolo, como primer violista de la Orquesta del Siglo XVIII, sin cesar.

Hace justo un año aparecían en el sello Glossa estas adaptaciones, en el que considero uno de los proyectos discográficos más íntimos y profundos que se han realizado sobre Bach en mucho tiempo. La impresión se acrecentó anoche en directo, en parte gracias a la exposición fotográfica de López, pero también a la impactante oscuridad de la sala. La gravedad del sonido de la viola adquiere otra dimensión cuando esta asume papel protagónico. Y eso lo sabía muy bien nadie Bach, que sentía predilección por este instrumento, tantas veces denostado.

La interpretación de Moreno y de su acompañante, el clavecinista Aarón Zapico, tuvo una hondura insondable, tanta como la propia música de Bach o como la desértica vastedad de la Antártida. Hay quien sostiene que lo que más nos acerca a Dios a los que no creemos en Él es la música de Bach. Y anoche tuvimos una prueba más de lo acertado de esta reflexión.

Redescubrir Bach en la Antártida: Moreno y Zapico en el ciclo de Grandes Autores de la UAM

Bachtrack | 31 de enero de 2021

El XLVIII Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Universidad Autónoma de Madrid se atreve con una singular combinación de música e imágenes: Bach y la Antártida. La relación entre imagen y sonido se basa en la recíproca sugestión, en la posible analogía que suscita en nuestra imaginación, en la necesidad de completar la experiencia visiva con el sentido del oído y viceversa. Ya Scriabin se adentró en el terreno de la sinestesia con la posibilidad de ofrecer una experiencia sensorial completa, con un intento de fundamentación científica de la relación entre el color y la tonalidad. En este caso, la intención es probablemente más modesta (y sensata), y lo que aquí nos interesa sobre todo destacar es la labor musical de dos intérpretes de gran calidad como Emilio Moreno y Aarón Zapico.

Las imágenes a cargo del profesor Jerónimo López son el testimonio de una importante investigación durante decenios en la Antártida y lo cierto es que su proyección, con los músicos en la penumbra, contribuyó a crear una tonalidad emotiva de concentración y serenidad. Se titulaba el programa del concierto The Dark Bach, y más que oscuro, nos pareció un Bach interior, sosegado, metafísico. Y hay una razón musical para ello: el instrumento protagonista del concierto, a saber, la viola da braccio, empuñada por Moreno. El repertorio específico para instrumento del compositor alemán nunca se ha encontrado y, tal vez, nunca se llegó a escribir como tal. Por lo tanto, lo que escuchamos fueron piezas adaptadas por el proprio Moreno desde otras partituras, concediendo las voces interiores a la viola y el bajo y la línea melódica al clave de Zapico.

Por ello se decía que se trataba de un Bach metafísico, porque su música trasciende la dimensión material de un instrumento concreto y se adapta a la perfección al nuevo contexto. En cuanto a la selección de las piezas se trató de varios corales, tríos, dos sonatas (“compuestas” a partir de diversos fragmentos) y dos piezas para viola sola, el Trés Vivement (Fantasie BWV572) y un Pedal-Exercitium (BWV598), éste último pensado como un ejercicio para el pedalier del clave. En definitiva, un repertorio orientado hacia la espiritualidad y la meditación en el que el empaste sonoro se presentaba de manera singular al cubrir la viola las voces intermedias.

Moreno y Zapico han colaborado en diversos proyectos, entre ellos la grabación de estas piezas de Bach, por lo que muestran un profundo entendimiento recíproco, devolviendo una sonoridad compacta, un contrapunto riguroso y una afinación cuidada. Así el diálogo entre los dos se basó en los contrastes dinámicos y el recorrido entre las voces de los motivos melódicos en la Sonata en do menor o bien la seriedad melancólica del trío extraído del BWV583. Por otro lado, fue en los corales, como el Helft mir Gottes Güte preisen BWV613, donde se evidenció ese rol fundamental que tienen las voces intermedias en las composiciones bachianas: Moreno recogía ese tejido a veces ignorado y enriquecía la línea principal, con esos motivos que a veces desaparecen y luego reaparecen.

Con el coral Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ (BWV639), se hizo más presente la sugestión visiva de la Antártida, al recordarnos de esta pieza bachiana en la película Solaris, con esa posible similitud entre mundos perdidos, aunque Moreno y Zapico la interpretaron con un tiempo más sostenido que las ejecuciones más conocidas para teclado. Las dos piezas a cargo exclusivamente de Emilio Moreno pusieron de evidencia, además de la capacidad del intérprete de plasmar una sonoridad más plena y robusta, la complejidad polifónica que Bach atribuía incluso a una pieza pensada como un mero ejercicio. Progresivamente nos adentrábamos en el pensamiento musical de Bach, por una vía distinta, sin por ello desentrañar plenamente su misterio.

Escuchar a Bach nos fascina siempre, nos impacta en una tesitura que es emocional y racional a la vez, pero además, en el caso de ayer, tenía un aliciente relacionado con la labor de redescubrir y adaptar las obras del Kapellmeister de Leipzig para ese instrumento tan peculiar que es la viola da braccio. Una labor de investigación que nos conduce a conocer más a fondo las buenas prácticas interpretativas, que nos aleja de la música como mero espectáculo y nos devuelve su complejidad y su intenso trabajo.

La Antártida no será nunca probablemente un lugar muy hospitalario, pero acompañado por la música de Bach se nos quedó impreso como un paraje de la mente en el que reflexionar, acompañados por esa calma que solamente esa irreal lejanía puede conceder.