#crítica: Las siete palabras de Zapico

Haydn con la Orquesta Filarmónica de Málaga

La Opinión de MálagaAlejandro Fernández

Más allá de los orígenes -ampliamente documentados- que propiciaron el encargo gaditano de esta partitura sacra y de circunstancias, no es menos importante entender que el trasfondo que la rodea no se circunscribe sólo al ámbito de la piedad sino también en el intento ilustrado de entender La Pasión en un escenario más amplio de regeneración nacional. En lo estrictamente musical la página haydeniana marca el declive de la hegemonía italiana en los gustos y el giro hacia los presupuestos centroeuropeos que dominarán todo el siglo diecinueve español.

Aarón Zapico en su interpretación de ‘Las siete últimas palabras’, deja entrever una visión del pathos donde el hecho religioso que lo motiva avanza sobre presupuestos hercúleos, heroicos si se prefiere, de la figura de Cristo donde los detalles y los acentos marcan la clave de todo el discurso propuesto por el director español. Zapico expone con claridad una nueva perspectiva que huye de lo anecdótico y superficial acercando un Haydn que deja entrever el horizonte romántico y todo ello sin abandonar los presupuestos de la forma clásica de las siete sonatas que articulan la partitura. Tarea especialmente compleja la propuesta por Zapico que implica abandonar el hieratismo con el que en no pocas ocasiones se ejecuta el repertorio de Haydn para interpretarlo desde una perspectiva más dramática, escénica y de conjunto como la ideada por el compositor austríaco.

Todas estas consideraciones dominaron la lectura ofrecida por los atriles de la Filarmónica de Málaga sobre el sólido trabajo realizado por la batuta de Zapico y las distintas secciones en días previos. Concisión y singularidad de planos sonoros caracterizan esta versión necesariamente compartida en lo que fue algo más que el mero cuadro descriptivo o narrativo. Zapico y la OFM orientaron los presupuestos haydenianos como claves para comprender el sentido dramático y ascendente que atesora la obra desde la emotiva introducción que sirve de pórtico hasta el efectista terremoto que subraya y avanza el desenlace de La Pasión de Cristo. 

Destacar el trabajo de los planos desarrollados por las secciones de cuerdas en continuo contraste encargada de desplegar los grandes trazos frente al papel reservado a los vientos sobre los dos planos que confía Haydn a los vientos por un lado, los metales para ubicar junto a la cuerda al oyente en las distintas escenas desplegadas por Haydn; y por otro, las maderas, especialmente la flauta y los dos oboes que asumen el papel lírico, dialogante si se prefiere que defendió Aarón Zapico.