Pregón de Navidad de la Sociedad La Montera 2025

Presidente de la Sociedad La Montera,

Directiva, 

Socios, amigos,

Sean mis primeras palabras de profundo agradecimiento a la Sociedad La Montera por el honor que supone pregonar la Navidad, la época más barroca, musical y plena de emociones del año, en su centenario proyecto social y cultural, estandarte de mi querida Sama y referencia para mí interminable e infinita.

Gracias por permitirme estrechar unos lazos aquí ya indelebles y, sobre todo, por brindarme la oportunidad de compartir este premio con mi familia. Acepto emocionado y convencido este honor porque me siento representante de un equipo que comienza en mis padres, reposa en mis dos hermanos – uno a cada lado – y continúa en mi mujer e hijas. Es un orgullo ocupar este espacio donde antes han estado profesores míos como Purita de la Riva o Amador Fernández; grandes directores de orquesta – Halffter o Argenta sin ir más lejos – o el mismo Unamuno en 1923. 

Recuerdo hoy vívidamente el concierto que ofrecimos mis hermanos y yo en este mismo salón hace trece años, y las innumerables muestras de cariño y respeto recibidas por todo el público y, en especial, por su entonces presidente don Luis Ardura.

Este nuevo vínculo me reconforta también porque mi tío Cefe forma parte de la historia de esta sociedad. Debo reconocer que no sé muy bien cuál era su cometido exacto en la junta directiva, más allá de pilas de papeles, llamadas a unos y otros y días de actividad frenética. Eso sí, estoy seguro de que aquello que hiciera lo haría con el nivel de entrega, autoexigencia y excepcionalidad que acostumbraba para todo. Cefe era de los que, cuando le preguntabas por un sitio, sacaba un folio y te dibujaba un mapa con todas las alternativas y referencias para no perderte. 

Con Cefe muchos hemos practicado, apoyados en el mostrador de su kiosco, lo que se conoce como “la utilidad de lo inútil”. Es decir, y muy grosso modo, hablar de temas intrascendentes y poco rentables aparentemente pero que nos provocan felicidad y bienestar. El abanico era amplio: desde el último partido del Madrid hasta el menú de Los Pilus, pasando por albañilería avanzada, plumas estilográficas, novela histórica o ropa de montaña. En esto, Cefe era un maestro, y su kiosco un refugio para todo aquel que andaba con un poco de tiempo y ganas de hablar.

Hoy creo que habría disfrutado mucho y, al finalizar, me habría lanzado algún comentario certero, irónico y afilado. Del estilo “vaya pinta de maizón que tienes”.

Gracias, presidente, por el cariño hacia mi tío desde nuestras primeras conversaciones. Ser muy consciente estos últimos años del amor que tanta gente le profesaba y del que él mismo no tenía la menor idea provoca en mí algo que no sé siquiera verbalizar. Pero, en cierta manera, creo que reconforta.

Este es mi tercer pregón – increíble – y, en contra de lo que pareciera lógico, no le he cogido todavía el ritmo al asunto. Además, vengo emocionalmente vulnerable de Granada, y eso no me ayuda mucho. He tenido la oportunidad de dirigir un concierto maravilloso para más de cuatrocientas personas con necesidades específicas de accesibilidad y ver en primera persona el impacto tremendo que tiene la música en la sociedad en general y en ese conjunto, especial y dolorosamente desfavorecido, me ha dejado en shock emocional. La música como utilidad útil.

Pero vuelvo al pregón.

En mi profesión como director de orquesta no está bien visto hablar mucho. Las instrucciones han de ser muy precisas, prácticas y breves. Lo que interesa a los músicos de la orquesta es tocar, no andarse por las ramas. Es un precepto que me gusta, así que procuraré aplicarlo a este pregón. Que sea práctico, reivindicativo y, espero, interesante.

En mi profesión hay una palabra que define el respeto máximo, el más alto escalafón al que uno puede llegar. Un término que se utiliza en todos los idiomas, en todas las orquestas, y que tiene un valor mayúsculo para nosotros, los músicos. Esa palabra es Maestro y encierra en sí misma un verdadero cofre de aspiraciones.

Así que me hace especial ilusión que una maestra, Águeda, haya sido mi presentadora. No solo por resultar fundamental en la preparación de otra maestra, mi mujer, Soco, si no también por su relación con otro maestro, Carlos, con quienes nuestras hijas, Inés y Claudia, disfrutaron en su día de una educación privilegiada. Música y educación compartimos nomenclatura, sí, pero el prestigio de la palabra es muy desigual. Y esto es un error garrafal. Devolvamos la relevancia, rentabilidad e importancia al oficio de enseñar a nuestros hijos. 

Pregón reivindicativo, dije.

Es también emotivo para mí que el Conservatorio del Nalón esté presente en este acto. Fundamental en mi vida e inseparable de mi familia. Allí nació mi amor y mi desesperación por la música. Porque con ella no valen medias tintas: pasas del amor al odio en segundos. Me vienen imágenes a la cabeza dando porrazos de desesperación al piano porque no me salen los ejercicios. Y es que no sabes muy bien cómo relacionarte con sus caprichos. Lógico: trabajas con emociones profundas y, de joven, tu corazón está por romper.

Que en Sama haya un Conservatorio es un lujo del que me temo no somos muy conscientes. Que nuestros hijos tengan la oportunidad de abrir sus mentes con la música, de convertirse en personas empáticas, imaginativas y solidarias a través de las notas es un verdadero regalo. Porque sí, la música es útil, Lo sé desde hace años y lo he comprobado a una escala inimaginable hace unas horas en Granada. 

Invirtamos todos un poco en este tesoro y su cuidado:

– los padres apoyando sin presión y con paciencia ese esfuerzo extra de sus hijos

– los alumnos con el convencimiento de que la música es infinita, de que no se acaba aquí en Sama y de que hay sitio para todos, sea cual sea su nivel 

– los profesores – importante – siendo conscientes del contexto de cada cuál y enseñando, sobre todo, en el amor hacia la música y el proceso creativo, más allá de objetivos y contenidos irrealizables

El Conservatorio, junto a la Sociedad La Montera, son pilares básicos en nuestra cuenca. Una cuenca con presente y con futuro. Un futuro que, confieso, temo, porque el cambio climático avanza inexorablemente y, con él, nuevas formas de turismo, masificación y pérdida de calidad de vida. La cultura y el activismo social han de ser nuestras señas de identidad por tradición, por contexto y porque sí. Porque es lo que se necesita y se demanda. Es lo que se lleva ahora en Europa. Es de lo que estamos discutiendo en los comisariados de la candidatura de Oviedo a capital europea 2031. Lo que interesa a Europa es el impacto, no el acontecimiento. Lo que seduce es la periferia, no el centro.

Y Sama, Langreo, puede, debe, merece y tiene que estar ahí. Urgen políticas culturales en ese sentido que no nos dejen atrás.

Hace años que decidí vivir en Sama y no me arrepiento. Aquí soy feliz. Eso sí, estoy convencido de que debemos querernos más. Esforzarnos en sacudirnos la apatía y exigir más como ciudadanos. Política más sostenible, empática y amable; cultura más estimulante; atención a jóvenes y mayores; desafíos a medio y largo plazo. Integración, respeto y feminismo. Sostenibilidad y naturaleza. 

No es tan difícil. No hay que inventar nada. Si acaso, dejarse asesorar. Yo mismo deseo ayudar en mi campo de conocimiento, en trasladar mi experiencia aquí, a mi casa. En contar lo que veo cuando voy de concierto; en arrastrar a amigos y compañeros de óperas, orquestas, jurados de premios, comisariados, teatros, auditorios o comisiones políticas aquí, a Sama, y que, en la medida de cada uno, puedan dejar su poso. Llevo años tratando de que desde el Ayuntamiento se aprovechen de mí, y no hay manera. Nadie, nunca, me ha llamado para hablar.

Pero esto no es un reproche, nada más lejos. Que conste como una renovación de votos para ayudar en lo que esté en mi mano. Y, por encima de todo, en un ofrecimiento en firme para esta sociedad que hoy me regala este espacio privilegiado: aquí me tenéis. Con toda la generosidad y humildad posible.

Os animo a que continuéis en vuestra labor fundamental de una manera aún más revolucionaria si cabe, con la innovación y el inconformismo como contrapunto de la tradición. Con la vanguardia asomando las orejas y estimulando a jóvenes y mayores con lo que les resulte cómodo, sí, pero también con lo que les haga fruncir el ceño al principio. Sé que hablar es fácil, pero hay montones de ejemplos de éxito por ahí fuera, a mano, para copiar y sentirse inspirado. Porque el agua del estanque que se remueve de vez en cuando se vuelve más cristalina.

Repasando estos días la historia de La Montera en el libro “Espejo de un siglo” de mi amigo Julio José Rodríguez – uno de los que se apoyaba en el kiosco a practicar aquello de la la utilidad de lo inútil -, recordé que aquí, en Sama, hubo una Sociedad Filarmónica de trayectoria ejemplar y sede en este mismo edificio, con cientos de conciertos a sus espaldas. Y me pregunto, ¿por qué no refundar esa Filarmónica desde esta Sociedad, presidente? Eso sí, que no solo programe conciertos al uso. ¿Por qué no crear algo activo, social, de impacto, ejemplar y revolucionario? Algo que entretenga a nuestros mayores, enseñe a los jóvenes, se solidarice con los desfavorecidos y cree tejido social. Algo acorde a nuestro contexto y tradición. Le aseguro que es posible y, como dije antes, aquí me tiene.

Considero este pregón un premio a mi carrera. Una carrera ya extensa, en la que las dudas, certezas, aciertos, errores y giros radicales forman parte natural de su devenir. Es bonito e interesante saber que he dirigido a muchas de las orquestas sinfónicas de España, pero creo que es más importante conocer que, en muchos momentos me he equivocado, me he sentido un impostor o he apostado a ciegas, cambiando radicalmente de centro de estudios o puesto de trabajo por lo que en ese momento me convencía con pasión. 

Es perfectamente legítimo fallar.

Es perfectamente legítimo no llegar. 

El caso es que con esta carrera imperfecta y a trompicones, pero con el apoyo inestimable de mi familia, he logrado el éxito.

El éxito de estar donde y con quien quiero.

Les deseo a todos unas felices fiestas y todo lo mejor para el año que viene.

Muchas gracias.