Prensa Press 2022

| 2022 | 2021 | 2020 | 2019 | 2018 |

Un Händel de fino pincel dramático

| 17 de marzo de 2022

El ciclo de Conciertos del Auditorio de Oviedo retomó las óperas en versión de concierto con Giulio Cesare in Egitto de Händel, en la interpretación de Forma Antiqva bajo los mandos de Aarón Zapico que, después de su paso por Barcelona, no dejó indiferentes en su vuelta a casa. Todo un lujo, para una interpretación rigurosa, con toda la imaginación del compositor a la vista en una obra plena de matices y de recursos, incluyendo arias de gran lucimiento e intensidad dramática.

El contratenor Christopher Lowrey en el rol de Giulio Cesare, marcó huella desde la primera aria y sobre todo la escena tercera del primer acto, todo un tour de force con líneas adornadas que parecían imposibles. El cantante dio una lección de canto y brilló también en la reflexión más pausada como en la más dolorosa, mostrando la flexibilidad afectiva necesaria, con ductilidad de líneas y gran proyección vocal. Buena muestra fue «Va tacito e nascosto», mientras el cantante se recreaba en el fraseo con el corno. En el segundo acto, destacó su «Se in fiorito e fronde», con la voz mostrando toda su fluidez con dominio de registros para casi cerrar el acto con otra página de vocalidad imposible, puro fuego en la octava escena. Sin duda, en el último acto sobresalió la escena cuarta de Cesare, con flexibilidad de volúmenes para impacto del público, en un «Aure deh, per pietà» de gran intensidad dramática.

Hay que destacar también la evolución del personaje de Cleopatra en la piel de Carolyn Sampson. De la coqueta reina de «Non disperar», con una repetición de la primera parte del aria muy refinada, a «Venera bella» en el segundo acto, de líneas complejas y amplias; pero siempre con una voz transparente, para mostrar fácil lo difícil. Después de varias escenas muy conseguidas, bien podría decirse que el tercer acto fue el de Cleopatra, incluyendo «Piangerò la sorte mia», aria de quilates en la voz de Sampson, con esos contrastes entre la desazón y la venganza ardiente. Y, para terminar de conquistar, la penúltima escena de la ópera, hacia el canto victorioso de «Da tempeste il legno infranto» de la reina de Egipto y hermana de Tolomeo.

"De la reflexión más pausada a la más dolorosa, Lowrey mostró la flexibilidad afectiva necesaria, con ductilidad de líneas y gran proyección vocal en este repertorio"

El joven Tolomeo fue el contratenor ucraniano Konstantin Derri, quien agradeció con la mano en el corazón el calor del público asturiano. La megafonía ya había dado un aviso de agradecimiento al cantante por su esfuerzo dada la situación de su país, que le afectaba directamente, como dijo la voz en off. Derri, emocionado, recibió el abrazo de Sampson, que ya no le soltó de la mano durante los aplausos finales. Con sus gestos, el contratenor se disculpó también ante el público por su disposición vocal limitada. Pero, con todo, su actuación fue sólida, dominando el papel del joven rey de Egipto con una voz expresiva y controlada, pequeña, pero versátil. Ello, en páginas como «Si, spietata, il tuo rigore», aria compleja de sostener, que Derri dominó con amplitud de líneas. Su momento prominente fue el aria de tercer acto «Domero la tua fiereza», de especial impulso.

Tampoco es sencillo el rol de Cornelia, que en Oviedo encarnó Hilary Summers. La contralto mantiene, con el abrazo de la orquesta, en «Priva son d’ogni conforto» se escuchó a una Cornelia honesta, templada, no sin momentos para el dolor más punzante y para el ardor de la venganza. Destacó también en «Cessa omai di sospirare», con otra ligereza que enriquece la flauta en el acto segundo. Uno de los momentos más especiales fue el compartido con Maite Beaumont en «Son nata a lagrimar», un impactante dueto junto a un Sesto impetuoso, en tanto clama venganza y que no deja mucho lugar al reposo del personaje, como defendió Beaumont, ya desde la cuarta escena. En este sentido, el aria «Cara speme, questo core» del primer acto es extrañamente dulce, pero el sentimiento de agravio se intensifica, y la mezzosoprano española tuvo uno de sus momentos brillantes en «L’angue offeso», con amplitud de fraseo en un aria que derrochó fuerza vocal. También cabe subrayar su aria de tercer acto, «La giustizia ha già sull’arco», de gran aliento.

Por su parte, José Antonio López fue tomando posiciones como Achilla, firme y con nervio, primero a través de los recitativos, hasta «Se a me non seo crudele» de segundo acto, y su aria «Dal fulgor di questa spada» en el tercero.

Diana Díaz

Otro hito de Forma Antiqva

La Nueva España | 14 de marzo de 2022

El grupo asturiano, acompañado por un sexteto vocal de calidad, ofrece al Auditorio una redonda interpretación de la ópera “Giulio Cesare in Egitto”.

La soprano Carolyn Sampson iría enamorándonos en cada aparición, pero el “emperador” Lowrey no se quedaba atrás, mientras el colorido aportado por “Forma Antiqva” realzaba aún más la dramatización.

Programar la ópera “Julio César en Egipto” de Händel completa, aunque sea en versión concierto, es una apuesta muy arriesgada, casi cuatro horas de una exigencia total para todos, pero Oviedo, como el jueves en el Palau catalán, pueden hacerle frente y además con nuestros “Forma Antiqva” y su mejor plantilla más un sexteto vocal de auténtica altura que redondearon otro hito de los asturianos, y ya van muchos.

Este monumento operístico del alemán ya afincado en Londres, estrenada en el King’s Theatre (1724) y escrita en italiano, nos trae la conocida historia de Julio César y Cleopatra llena de actualidad por las disputas, enredos y engaños, aunque con el final feliz esperado y de todos conocido. Los roles protagonistas, todos llevando al límite sus capacidades vocales, exigen un elenco especializado en este virtuosismo barroco con toda una carga expresiva todavía mayor cuando “solo se canta” (y la orquesta no está en el foso), pero las voces elegidas estuvieron a la altura de las circunstancias defendiendo sus recitativos y arias (muchas verdaderos “hits” barrocos) con verdadero esmero y entrega.

La calidad y emoción fue en aumento a medida que avanzaba la ópera, especialmente desde el aria “Cara speme” (Sesto) con el clave de Dani Oyarzabal y el cello de Ruth Verona, parte de un compacto bajo continuo donde también estaban los gemelos Zapico (laúd y tiorba), delicadísima la mezzo Maite Beaumont que brillaría hasta el final, sacrificio y dulzura al igual que en el bellísimo dueto con Cornelia “Son nata a lagrimar”, uno de los momentos álgidos de la larga noche operística. El César del contratenor Christopher Lowrey fue un auténtico “emperador” vocal desde su aria “Va tacito e nascosto” con la trompa natural de Ricardo Rodríguez en perfecta simbiosis y color de ambos, arrancando los primeros aplausos unánimes.

El segundo acto seguiría “in crescendo” por la acción y sucesión de momentos vibrantes, abriendo las cuerdas pulsadas de los Zapico acompañando el recitativo de Cleopatra, Carolyn Sampson y su posterior aria “V’adoro, pupille”, replicada por Julio César “Se in Fiorito e fronde”. La soprano iría enamorándonos en cada aparición, pero el “emperador” Lowrey no se quedaba atrás, mientras el colorido aportado por “Forma Antiqva” realzaba aún más la dramatización: cada “da capo” tras unos larguísimos silencios que cortaban el aire, venciendo algún que otro móvil, más los retornos pianísimos tan delicados (con sonoridad cuidadísima) como las posteriores arias de Cleopatra Sampson, acercándose al trono vocal. Y eso que la pugna por la corona estaba dura: la contralto Hilary Summers, como Cornelia, sonó́ poderosa con un registro puro de color ideal para la sufrida viuda de quien se enamora Achilla, el “general” José Antonio López, barítono hispano rotundo y pleno de volumen parejo al gusto en cada aria ya desde “Tu sei il cor di questo core”, última del primer acto, siempre sobrado y plenamente volcado en su rol.

Otro de los idilios vocales vendría de Cleopatra, tras la pausa finalizando el segundo acto, “Se pietà di me non sentí” y Sesto con “L’aura che spira”, colores bien elegidos para cada personaje defendido con ardor y pasión por ambas, amén de una musicalidad plena.

La “Sinfonía” que abría el último acto la comenzó el clave perlado de Oyarzabal y con el mismo empuje de toda la ópera, llena de los contrastes no tan extremos de matices pero sí de esos claroscuros que Aarón Zapico imprime en las versiones con su formación, plagada de virtuosos instrumentistas, habituales en los grandes repertorios y elegidos, como las voces, con excelente criterio. Lástima el comprensible estado emocional del contratenor ucranio Konstantin Derri (que se avisó y agradeció por megafonía al inicio de la representación) pero no fue impedimento para su entrega como el perverso Tolomeo, memorizado y actuado de principio a fin, aunque le faltase un poco más de volumen para redondear este sexteto protagonista del “Giulio Cesarse in Egitto” hoy trasladado a nuestra Asturias.

Quedaban aún arias para seguir emocionando: “Pinagerò la sorte mia” de Cleopatra reina rubia o “Aure deh, per pietà” del Emperador pletórico, máxima tensión de la función que se redondearía con “Da empeste il legno infranto” y la última escena del final feliz y musical de la ópera de Händel, el dúo protagonista “Caro! Bella” y los seis cantantes en el coro “Ritorni omai nel nostro” tras la marcha instrumental de “Forma Antiqva” tan pletóricos como el elenco vocal. Quedaban veinte minutos para la media noche y el público en pie premiaba este nuevo hito con una prolongada ovación. Como dice el texto último “Solo queda amor, constancia y fe”.

Pablo Álvarez Siana

Giulio Cesare entra al Auditorio con paso firme

El Comercio | 13 de marzo de 2022

El público ovetense aplaudió la versión de concierto de la ópera de Haendel, interpretada por Christopher Lowely, Carolyn Sampson y Forma Antiqva.
‘Giulio Cesare in Egitto’, de Haendel, es uno de los grandes modelos de opera seria barroca. La incesante sucesión de arias da capo estructurada en tres secciones, en la que la tercera repite con adornos y pequeñas variaciones la primera; los diferentes ‘afectos’ y expresiones que proyecta cada personaje y la nobleza del argumento son cualidades intrínsecas de esta ópera, la más representada en vida de Haendel y sobre la que el compositor hizo varias versiones.

Ayer, en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, tuvimos ocasión de escuchar, por primera vez en Asturias, esta ópera agotadora –tres horas y pico de duración– interpretada por Forma Antiqva en la versión original que Haendel escribió para su estreno en 1724. Esta agrupación de núcleo
asturiano, dirigida por el clavecinista Aarón Zapico, posee diferentes formatos, desde el trío Zapico a la orquesta sinfónica barroca de ayer. La ópera estuvo protagonizada por el contratenor Christopher Lowey, como Giulio Cesare; la soprano Carolyn Sampson, como Cleopatra; Hilary Summers, como Cornelia, viuda de Pompeyo; la mezzo Maite Beaumont, en el papel de Sesto, hijo de Pompeyo; el contratenor Konstantin Derri –se agradeció la presencia del ucraniano, muy afectado por la tragedia que vive su país–, como Tolomeo, hermano de Cleopatra, y el barítono José Antonio López, como Achilla, confidente de Tolomeo.

‘Giulio Cesare in Egitto’ es una ópera sobre el poder, la rivalidad política, el deseo de venganza, la traición y la gloria. Parte de un hecho histórico, las guerras civiles entre Julio César y Pompeyo durante los últimos tiempos, año 40 a. C. de la República Romana. El triunfo de Julio César contra Pompeyo, la derrota de este último, asesinado por el rey de Egipto, Tolomeo y la entronización de Cleopatra constituyen el trasfondo histórico de la ópera.

La versión de Forma Antiqva posee esa mezcla de rigor estilístico y al mismo tiempo libertad interpretativa característica de Aarón Zapico. Con tiempos muy extremos –los lentos pausados y expresivos, los allegros vivos– y bien marcado, Zapico siempre hizo gala de una dirección detallista, contrastante en dinámicas y con juegos estereofónicos entre las partes de las cuerdas, colocadas a la izquierda, y las partes del continuo, a la derecha. Una mención especial para los instrumentos obligados en las arias, especialmente la flauta, el violonchelo y la trompa.

En este comentario apresurado, vamos a dar un par de pinceladas sobre los cantantes. Christopher Lowey interpreta con virtuosismo a Giulio Cesare, posee una amplia coloratura que además en pasajes complejos nunca está forzado y que sabe rematar con agudos portentosos, pero también es un Giulio Cesare expresivo, por ejemplo, en el recitativo ‘Alma del gran Pompeyo’, en el que reflexiona sobre la caducidad del poder.

Delicadeza y expresividad
Carolyn Sampson es una Cleopatra muy delicada, lirica, segura en la voz y también expresiva. La contralto Hilary Summers, como Cornelia, aporta una gran nobleza y serenidad a su papel. Posee una tesitura muy homogénea y especialmente amplia, una emisión potente y expresiva. La mezzo Maite Beaumont, interpreta el papel de Sesto, con un timbre delicado, juvenil y muy natural. Konstantin Derri, como Tolomeo, tiene una voz muy corta en cuanto a tesitura. El registro medio prácticamente es inaudible y, por otra parte, demostró poca potencia. Probablemente, esta voz tradujo anoche la angustia que el intérprete vive como ucraniano. José́ Antonio López, en el papel de Achilla, es un barítono de ley, potente, seguro, con buen sentido declamatorio y presencia vocal y escénica.

Ramón Avello

Julio César conquista Oviedo

La Nueva España | 13 de marzo de 2022

Forma Antiqva lleva al Auditorio una emocionante versión concierto de la obra de Händel encabezada por la soprano Carolyn Sampson.

El público se volcó ayer en el Auditorio Príncipe Felipe con el “Julio César” de Händel en versión concierto, un “tour de force” de Forma Antiqva del que los asturianos salieron triunfantes. La soprano Carolyne Sampson (una deliciosa Cleopatra de referencia), con la contralto Hilary Summers (poderosa Cornelia), la mezzo Maite Beaumont (Sesto delicado), los contratenores Christopher Lowrey (emperador vocal y pletórico) y el ucranio Konstantin Derri (cumplidor Tolomeo) más el bajo José Antonio López (rotundo Achilla) fueron los seis protagonistas de gran altura para este “Giulio Cesare in Egitto” (Händel) con una excelente y crecida Forma Antiqva bajo la dirección de Aarón Zapico en esta joya operística (versión concierto con todo lo que supone) tras su “victoria” en el Palau de Barcelona el pasado jueves.

Oviedo se rindió tras tres horas de combate (y apenas deserciones en la pausa) a este romano muy musical, compuesto por un alemán nacionalizado ingles, cantado en italiano e interpretado virtuosamente por nuestros asturianos universales que siguen haciendo historia desde su Barroco siempre fresco, brillante, actual y bien armado con formaciones de primera como la de este sábado.

Arias conocidas, con dramaturgia ponderada creciendo en el segundo acto hasta momentos ideales, además de mucho sentimiento unido al ropaje instrumental excelente, aportando todos lo mejor de este “ejército musical” con el General Zapico al mando, de final feliz en Egipto y también en Asturias, apoteósico.

Pablo Siana

Un ejercicio de estilo händeliano

Ópera Actual | 11 de marzo de 2022

En un momento en que la ópera barroca irrumpe con fuerza en las programaciones habituales, una audición en forma de concierto de este monumento musical que es el Giulio Cesare händeliano podía incluirse con pleno derecho en esta primera edición del ciclo Palau Ópera de la prestigiosa sala barcelonesa dedica al género lírico. Una versión muy completa, aun absorbiendo los personajes de Curio y Nireno, con una distribución vocal acorde con las características de los cantantes que estrenaron la ópera –aunque el Senesino hubiera podido objetar a la asimilación de un alto castrato con los contratenores actuales–, los solistas encargándose de las intervenciones corales y una ejecución en forma de concierto que ahorra la intervención de esos directores de escena cuya principal preocupación es la de amenizar las para ellos interminables arias da capo, supone todo un ejercicio de estilo.

De su conversión en realidad se encargaba en esta ocasión el ya muy asentado conjunto Forma Antiqva a las órdenes de un Aarón Zapico que supo administrar con sapiencia aceleraciones y silencios para ordenar un ritmo dramático de gran nitidez al que sus músicos contribuyeron con especial devoción.

"El conjunto Forma Antiqva a las órdenes de un Aarón Zapico supo administrar con sapiencia aceleraciones y silencios para ordenar un ritmo dramático de gran nitidez"

Impecable en el perfil virtuosístico, Chistopher Lowrey fue un protagonista de mucho empeño que recogería al término de una versión de “Aure, deh, per pietà” admirablemente matizada la ovación de la jornada. Le acompañaron en el aprecio del público la Cleopatra de Carolyn Sampson, con un registro superior subyugante y rico de esmalte aunque de voz algo chirriante en la primera octava, detalle más notorio en sus intervenciones iniciales pero liberada enseguida de ello; el Sesto de Maite Beaumont, de canto impetuoso y muy bien acentuado; un José Antonio López que hizo de su Achilla un personaje más relevante de lo que suele ser habitual gracias a su poderío y a su espléndido estado vocal; y la Cornelia de Hilary Summers, algo sorda en el timbre pero excepcional en la dicción. A un nivel inferior habría que situar a Konstantin Derri, Tolomeo de volumen insuficiente para traducir la violenta perfidia del personaje.

Un público no especialmente numeroso pero en cualquier caso enfervorizado aclamó a rodos los participantes en el espectáculo al término del mismo. Cuando se respeta el estilo, el ejercicio siempre sale bien.

Marcelo Cervelló

Forma Antiqva en La Filarmónica. Buen hacer barroco

Beckmesser | 12 de febrero de 2022

La formación que dirige el clavicenista Aarón Zapico reúne a algunos de los más brillantes músicos españoles especializados en instrumentos de música antigua. Los hermanos del líder del grupo, Daniel (tiorba) y Pablo (guitarra y laúd), son el eje de un equilibrado conjunto musical que se ha consolidado como un referente en este repertorio y que está considerado por la crítica como uno de los conjuntos más importantes de la música clásica en España, habiendo investigado mucho en nuestro repertorio. En esta ocasión han contado con Daniel Oyarzabal, al órgano y clave y Luis Martínez, con flauta travesera, para un programa monográfico centrado en Bach con algo menos de una veintena de participantes. Hemos de recordar que han llegado a interpretar a este compositor en su festival de Eisenach.

Presentaron dos suites, la 1 y la 2, lo que hace presagiar que en futuros conciertos abordarán, 3 y 4, y dos cantatas de las menos conocidas. Tras un inicio, que tuvo sus más y sus menos en cuanto al empaste global, llegó la comunicación que habitualmente comparten y la perfección que siempre exige Bach. La Segunda Suite tiene más enjundia que la primera y en ella es protagonista la flauta travesera, aunque otras veces lo han sido un violín o un oboe. Se lució Luis Martínez, especialmente en la “Badinerie” final, si bien tocó con demasiada contención al principio de la obraForma Antiqva es un conjunto sólido pero con algo menos de impulso vital de otras conocidas orquestas de época.

Carlos Mena, frecuente colaborador de la agrupación, había de poner la nota de color en la tarde con dos cantatas. La primera de ellas – “Geist und Seele wird verwirret BWV 35“- comienza con una larga pieza orquestal a modo de obertura antes de la primera intervención del cantante, que se ve rodeado de otra página orquestal para concluir en un conocido minueto. En la segunda – “Vergnügte Ruh, beliebte Seelenlust BWV 170”- alternan temas pastoriles con una esperanzada aria final en el camino hacia el cielo. Ambas fueron cantadas por Carlos Mena con su voz templada de contratenor, aflautada en el registro alto, homogénea y con limitados contrastes de color.

Esa falta de contrastes, no sólo en el timbre del cantante sino también en las lecturas de Forma Antiqva, fue el único reparo que se pudo poner a este concierto, en el que se echó de menos un pequeño coro que hubiese dotado al mismo de una menor homogeneidad cercana a la monotonía.

No se alcanzó el lleno total en el Auditorio Nacional, pero los asistentes compensaron con su calor.

Gonzalo Alonso