Mediotono editorial | 26 de diciembre de 2025
Lugar: Auditorio Manuel de Falla. Granada
Evento: Fundación la Caixa Conciertos participativos
Programa: El Mesias, de G. F. Haendel HWV56.
Intérpretes: Orquesta Ciudad de Granada y Coro de la Orquesta Ciudad de Granada que contó con la participación de una decena de formaciones corales de la ciudad. Solistas: Pilar Alva-Martín, soprano; Lucía Caihuela, mezzosoprano; Pablo García López, tenor y José Antonio López, barítono. Dirección: Aarón Zapico.
Fecha: 19 de diciembre de 2025
Autor: Alejandro Fernández
Pocas páginas en la historia del arte occidental poseen la fuerza de conmover con los destellos sonoros de aquella que George Frideric Haendel concibió en 1741, arrebatado por un vértigo de inspiración que cristalizó en El Mesías. Desde su estreno dublinés, esta obra ha fascinado a generaciones con una vitalidad arrolladora, atrayendo curiosidad, devoción y un sentimiento de pertenencia. Su espíritu es tan universal que admite lecturas audaces, como las versiones participativas, donde intérpretes y público se funden en un mismo pulso sonoro y el arte deja de ser representación para convertirse en emoción viva. En Granada, esa alquimia tuvo como artífice al Maestro Aarón Zapico, cuya batuta lúcida e incansable logró conjugar la precisión del discurso haendeliano con la emotividad del canto colectivo. Sin una dirección así, el riesgo de extravío sería inminente; con ella, El Mesías recuperó todo su sentido humanista y, sobre todo, compartido.
A ese destino incierto podría haberse aproximado la propuesta encabezada por Aarón Zapico, quien volvió a demostrar la experiencia que atesora en proyectos formativos instrumentales y corales. Su coordinación de una decena de formaciones reveló una labor pedagógica y musical que, por un instante, permitió a muchos vivir una experiencia profesional real en un espacio acústico que mostraba virtudes y exigencias con igual honestidad desde la butaca.
Si a ello se añade su indiscutible trayectoria en el repertorio antiguo y barroco, la curiosidad por llegar hasta Granada estaba más que justificada. Respaldado por los profesores de la Orquesta y el Coro Ciudad de Granada, junto con un cuarteto solista equilibrado, Zapico garantizaba que el oratorio fuera, en esencia, de todos y para todos: una celebración común de la música. En este contexto, las anotaciones deben entenderse a la luz de esa dimensión compartida, porque cada reto planteado por Zapico convierte al oyente en parte activa del proceso musical, y el programa participativo del pasado viernes diecinueve, en el Auditorio Manuel de Falla, fue ejemplo de ello.
En esta interpretación, la OCG se convirtió en el pincel con el que Haendel dibuja su oratorio. En los instantes a solo —la Sinfonía de apertura, la Pifa o el gran retablo del Aleluya y la fuga final del Amen— sonó una cuerda sólida y carnal, con densidad y empaste, reforzada por el debut de la nueva ayuda de concertino, la maestra Meri Khojayan. Su aporte acentuó la vitalidad de las cuerdas, unidas a la profundidad de los graves junto con el continuo. Las maderas y las dos trompetas completaron una plantilla reducida que, si bien se veía algo contenida en los tutti corales, mantuvo equilibrio gracias a la habilidad de Zapico para distinguir dos planos complementarios —la interpretación canónica y la participativa—, integrando ambas sin tensiones ni jerarquías.
En este oratorio convergen el lirismo italiano, la grandeza coral inglesa y el rigor del contrapunto alemán: un tejido perfecto para que el elenco solista jugara con la expresividad y los afectos. La soprano granadina Pilar Alva-Martín lució un instrumento cristalino y generoso, de fraseo medido, dicción clara y notable sentido dramático, como ya demostró en su recital del pasado Festival Internacional de Música de Granada.
La mezzosoprano Lucía Caihuela destacó por su dicción precisa y un rango medio amplio, capaz de volcar en el sentido dramático que Zapico subraya en su lectura de El Mesías. En este juego de contrastes se situaron las voces del tenor Pablo García-López y el barítono José Antonio López, ambos guiados por la línea emocional del oratorio, donde la narración se sustituye por la introspección teológica y la teatralidad nunca llega a fin último.
El instrumento vocal de García-López se mostró ideal para un repertorio poco habitual en él; precisamente esa novedad reveló a un músico convincente. La segunda parte del oratorio fue su momento decisivo, con una emisión intencionada y equilibrada. José Antonio López, por su parte, ofreció en The trumpet shall sound un ejercicio vocal de referencia, fruto del cuidado habitual que imprime a sus proyectos. No solo resolvió con solvencia, sino que traspasó y emocionó con su línea de canto. En un género poco frecuente en su carrera, entregó una versión de vocalidad aquilatada y sentido teatral, cerrando un Mesías de auténtico compromiso artístico y profundo valor participativo.
El diario | 14 de diciembre de 2025
Quien ha tenido la fortuna de cantar en un coro conoce bien el enorme placer que produce sentir la propia voz dentro de un conjunto. En mi época de estudiante universitario formé parte de la Coral Universitaria de Murcia, que dirigió Enrique González Semitiel, y nunca he gozado más de la música que interpretando la polifonía de Victoria, Guerrero o Morales. La música se disfruta mucho escuchándola, pero estar dentro de ella es un grado superior.
El Palau de la Música de València acogió el pasado 11 de diciembre una gozosa interpretación de El Mesíasparticipativo, promovido por la Fundació “la Caixa”. Con ello se reanudaba una tradición interrumpida por el cierre durante cuatro años del auditorio por obras tras la caída de los techos de sus salas de concierto. El Mesías no solo es el oratorio más famoso de Handel, sino también una de las obras más célebres de toda la historia de la música. La Fundació “la Caixa” promueve desde 1995 esta modalidad de interpretación, en la que a una orquesta y un coro profesionales se suman otros de aficionados, que intervienen en una parte importante de los números de la obra. El reto es conjugar la participación masiva de los cantantes aficionados con la orquesta, el coro y los solistas profesionales, de manera que el empaste del conjunto y los volúmenes sonoros ofrezcan un resultado artístico satisfactorio.
Tocaba la Orquestra de València, en una formación reducida, de acuerdo con lo habitual en los conjuntos barrocos, con clave y órgano positivo. El coro era la Coral Catedralicia, que dirige Luis Garrido, y los solistas vocales Pilar Alva Martín, soprano; Lucía Caihuela, contralto; Pablo García López, tenor, y José Antonio López, bajo. Este último acaba de triunfar esta temporada en el Palau de les Arts con el papel principal de la obra Enemigo del pueblo de Francisco Coll. En cuanto a los conjuntos de aficionados, que sumaban 277 personas, eran el Cor Alameda, el Cor de Cambra de València, la Coral Polifónica Scholapiarum Cantores y el Orfeó Manuel Palau. Félix Redondo fue el director preparador y Aarón Zapico dirigió el conjunto.
La popularidad de El Mesías data de la propia composición de la obra. Se estrenó en Dublín el 13 de abril de 1741 en una sala de conciertos a la que accedieron 700 personas y otras tantas se quedaron en la calle sin poder entrar. Fue tanta la expectación despertada por el acontecimiento que el Falkner’s Journalrecomendaba a los caballeros que acudieran sin espada y a las damas que no llevaran miriñaque para aprovechar el espacio. El estreno en Londres dos años después no tuvo tanto éxito, pero la obra no tardó en ganar las preferencias del público y su interpretación se convirtió en un rito anual. Handel lo dirigió por última vez en Londres el 6 de abril de 1759, ocho días antes de morir. La costumbre de programarlo en Navidad es posterior, probablemente en virtud del título de la obra.
Aarón Zapico dirigió una versión animada, ágil, de tempi más bien ligeros y profundamente expresiva, con algunas pausas muy marcadas. El conjunto sonó muy bien y el volumen del numeroso coro de aficionados nunca resultó excesivo. Alto nivel en los solistas vocales, entre los que destacaría a la soprano Pilar Alva-Martín, de muy redondos agudos, y al bajo José Antonio López, bien conocido por el público del Palau, donde ha cantado papeles tan destacados como el Jesús de la Pasión según san Juan o el principal de El holandés errante. Muy bellos solos de trompeta de Raúl Junquera y de violín de Anabel García del Castillo. Se echó de menos la proyección de la traducción de los textos cantados, como se ha hecho en otras ocasiones. El lujoso programa editado por la Caixa en formato folio ofrecía texto inglés y doble traducción, pero seguirlo en la penumbra de la sala no era tarea fácil.
Las masas corales de aficionados ocupaban toda la parte del coro de la Sala Iturbi y más de la mitad de ambas tribunas laterales. Cantaron con entrega, afinación y buen gusto, con momentos especialmente brillantes en el celebérrimo Aleluya y en el fugado Amén final. Zapico correspondió a las ovaciones del público con la repetición del Aleluya. La alegría que transmitió la interpretación contrastaba al salir con el lastimoso aspecto de los naranjos del vestíbulo, medio secos y con gran parte de sus copas de un poco saludable color ocre.
Scherzo | 18 de noviembre de 2025
La versión musical viene comandada por el asturiano Aarón Zapico, músico especialista en repertorio antiguo, que ha realizado un gran trabajo con la Oviedo Filarmonía. La orquesta consiguió un muy buen empaste, sonoridad y expresividad barroca en el “estilo” de Zapico, a pesar de que el barroco no suele ser parte de su repertorio habitual. El director musical comenzó la Sinfonia con mostrando el fuerte carácter que imprime a sus direcciones, con incidencia en los cambios de dinámica y afectos, que serán característicos del resto de la ópera. El director incorporó un fantástico grupo de continuo que interpretó los recitativos de forma creativa, y siempre vinculada al texto y personajes, a través de los distintos timbres y ornamentación elegida, también en algunas arias.
Ópera Actual | 17 de noviembre de 2025
En lo musical, el reto era mayúsculo para la Oviedo Filarmonía, una formación de marcada impronta lírico-romántica poco habituada a desarrollar programas barrocos tan complejos y que, sin embargo, ofreció un sonido notable, con las secciones precisas y ensambladas, dejando un color esmaltado en la cuerda. Aarón Zapico, el director musical, estudió profusamente la obra vivaldiana para extraer de la partitura un juego de contrastes y efectos muy interesante.
La Nueva España | 15 de noviembre de 2025
Oviedo Filarmonía dio muestras de su versatilidad afrontando un repertorio que no figura entre sus predilectos. Los músicos implementaron un arsenal de efectos que subrayaban la retórica musical de la que se encuentran repleta esta partitura y Zapico extrajo una gran sonoridad de la formación sinfónica, bien ensamblada y con una cuerda especialmente luminosa
La Nueva España | 14 de noviembre de 2025
El estreno de Vivaldi fue de menos a más, con ovación para la OFIL dirigida por Zapico
La música de Vivaldi interpretada por Oviedo Filarmonía bajo la batuta de Aarón Zapico y con Jorge Jiménez, David Palanca, Guillermo L. Cañal y Pablo Zapico, fue uno de los prodigios más fabulosos que sucedieron en los dominios de la Reina Alcina.
El Comercio | 14 de noviembre de 2025
El Campoamor aplaude una brillante representación de 'Orlando furioso', de Vivaldi, tercer título de la Temporada.
Oviedo Filarmonía no es una orquesta barroca. Sin embargo Aarón Zapico consigue hacer mediante una dirección enérgica y estilísticamente centrada que los instrumentos tengan esa ligereza y claridad propias del Barroco. Una orquesta con alas.
Aarón Zapico tiene muy interiorizado este repertorio y le sabe dar dinamismo y contraste, al mismo tiempo que un aliento poético muy fino.
La Rioja | 1 de octubre de 2025
Efectivamente, la Semana de Música Antigua de Logroño se ha convertido en cita imprescindible de comienzo de temporada musical para un fiel y nutrido grupo de melómanos riojanos que arropan con calor e ilusión este magnífico festival, con sus cuatro grandes conciertos (y sus aperitivos musicales) y otros dos abiertos al público. Lejos quedan aquellos gloriosos años en que desfilaba por Logroño lo mejor del barroco europeo y mundial, con nombres ilustrísimos que llenaban la discografía más premiada de aquella época, pero no podemos quejarnos porque tenemos grupos e intérpretes españoles muy importantes en la escena internacional que siguen pasando por Riojafórum.
8 de septiembre. Forma Antiqva.
Farándula castiza, la pintoresca propuesta de este famoso grupo asturiano creado por los hermanos Zapico era mostrar la efervescencia musical culta y popular del Madrid de mediados del XVIII, a través de una decena de compositores nacionales y extranjeros afincados en la capital de España, haciendo músicas claramente marcadas por lo que hoy en día llamamos 'carácter español', con sus peculiares ritmos, sus alegres danzas, como el célebre fandango, y su especial vitalidad. Y, a decir verdad, no se puede hacer mejor: la calidad y complicidad de los dos violinistas, la entrega de la chelista y el contrabajo, el vistoso desempeño del percusionista y la autoridad musical de Aarón Zapico al clave y la dirección, nos hicieron pasear por las calles y plazas del Madrid de la época, escuchando a través de las ventanas de palacios, teatros o corralas las alegres e intensas músicas que animaban a los madrileños y que hoy nos siguen contagiando. Fue un derroche de autenticidad, vitalidad y soberbia expresión musical. Un enorme éxito.
Eduardo Aisa
MundoClásico | 19 de septiembre de 2025
Escuchando este disco extraordinario, cuyo contenido pude disfrutar en vivo durante un fantástico concierto ofrecido por los mismos protagonistas a mediados del pasado mes de mayo en Córdoba, no dejo de recordar la frase que Leo Brouwer repetía a menudo con el convencimiento de una carrera musical y una vida dedicada a ello: “no encuentro límite entre las llamadas música popular y música culta”.
Y es que en este programa de Aarón Zapico y su Forma Antiqva, esa ambigüedad de las etiquetas parece ponerse de manifiesto con gran audacia. Todo ello, además, en el contexto estilístico de esa suerte de cajón desastre denominado música antigua, cuya delgada – delgadísima – línea entre folclore, danza, trovadores, religiosidad, leyenda, corte, pueblo…, muchas veces solapada, parece ser motivo aquí de exquisito homenaje.
Y es que el viaje al que nos invita Forma Antiqva en este De sópitu, nombre en asturiano equivalente a la expresión de repente (que me recuerda mucho al “de sopetón” que suele utilizarse en Andalucía), regala numerosas bellezas y atractivos descubrimientos no solo musicales sino también literarios, culturales, geográficos…
Aunque, por encima de todo, prima la sensación de estar disfrutando de una experiencia musical única en la que la sencillez, la profundidad y hasta la diversión se dan de la mano. Entre otros motivos porque los mismos intérpretes hacen suyos los temas de tal forma que contagian de manera extremadamente honesta pero directa su entusiasmo a los oyentes que, de esta manera, se sienten al mismo tiempo un tanto partícipes de la audición. En una suerte de viaje por las costas atlánticas cercanas a Asturias (Inglaterra incluida), presenciamos desde aires de folías y jácaras hasta jotas y muñeiras; desde romanceros hasta pregones, en un todo no obstante impregnado de gran unidad.
En todo este recorrido musical la formación que dirige Aarón Zapico despliega su hermoso y cuidado sonido así como una musicalidad de muchos quilates. Algo, esto último, que es también la mayor virtud de un Pablo García-López que aquí ofrece un trabajo impecable que va desde el canto más lírico hasta el recitado o la mera declamación. El tenor cordobés aprovecha ese plus de anchura con el que ha venido dotando al registro central de su voz de un tiempo a esta parte, para expresar el contenido de los textos con gran naturalidad y alejado de histrionismos.
La calidad de sonido de la grabación es excellente y logra transmitir esa cercanía que el conjunto transmite en sus directos. El diseño de la carpeta del disco resulta también muy atractivo, con un libreto integrado por sendos artículos de Aarón Zapico e Ismael González Arias así como por las letras del programa, todo ello en bable.
José Amador Morales
MusicPaper | 30 de agosto de 2025
Ci sono progetti lasciati sedimentare per lungo tempo con passione per poi vederli risplendere, all’improvviso, in tutta la loro forza.
De sópitu è senza dubbio uno di questi. Il titolo è una citazione dell’ultimo verso di una lirica del poeta Xurde Álvarez.
De sópitu in asturiano significa, appunto,
all’improvviso e intende racchiudere l’essenza di un lavoro che nasce da lontano — da antichi canzonieri, continue ricerche e un ascolto profondo — facendosi al contempo
scoperta e appartenenza, radice e slancio.
Fondato nel 1998 nella città di Langreo e con un percorso disseminato di successi e una ricchissima discografia,
Forma Antiqva è un ensemble vocale e strumentale dall’
energia travolgente, sospinto dall’inesauribile visione e talento dei
fratelli Zapico (Aarón, Daniel e Pablo). Con questo nuovo album – pubblicato dalla
Zapico Records con il patrocinio del Principato delle Asturie – ci invita in un territorio sonoro dove musica tradizionale e repertorio barocco si specchiano l’uno nell’altro dissolvendo confini storici e geografici, disvelando in questo modo un patrimonio che vibra di una
sorprendente attualità.
Dalgún día, dayures, el silenciu sentará a sentir un aire nuevu («Un giorno, da qualche parte, il silenzio si siederà ad ascoltare una nuova aria»), scrive Xurde Álvarez. E così può prendere avvio il programma.
Melodie asturiane, galiziane, cántabre e irlandesi vengono intercalate isocronicamente a pagine di
Purcell,
Nicola Matteis,
Gaspar Sanz,
Händel e
Santiago de Murcia. L’effetto non è quello di un confuso
papier collé ma di un affresco vivido e di ampio respiro. Soprattutto, non è musica “da museo” ma un repertorio vivo che s’infiamma sotto le dita esperte degli interpreti, che suonano con un senso d’appartenenza vibrante.
A partire dalla magia incantatoria del tocco del tiorbista
Daniel Zapico (ascoltate l’inizio del disco a occhi chiusi, cullati dalle
Marionas di Sanz). E il virtuosismo di
Alejandro Villar (flauti e ghironda) e di
Pere Olivé (percussioni). Il lirismo di
Ruth Verona (violoncello) e la poesia di suono di
Pablo Zapico (chitarra barocca e arciliuto). Il tutto diretto all’organo con effervescenza da
Aarón Zapico. Protagonista di molti dei 24 brani registrati è poi il giovane tenore cordovano
Pablo García-López. Ogni volta dimostra un gusto impeccabile: smaliziato nel piglio comico ed efficace nelle declinazioni più drammatiche.
De sópitu è dunque un disco che
documenta e interpella, restituisce tradizioni antiche e le riaccende, mostrando come possano ancora parlare — e cantare — al nostro presente.
Attilio Cantore Diario de Almería | 22 de julio de 2025
Con De sópitu, Barroco y música popular. Canciones, fandangos, saltones, xiringosas, giraldillas y otros brincos del Norte, el programa que Forma Antiqva interpretó en la noche de lunes en el Festival de Música Renacentista y Barroca de Vélez Blanco (FestiMUVB), el público se encontró frente a “la música de siempre tocada como nunca. Una música tradicional tocada con articulaciones, con ornamentaciones y con una profusión de instrumentación inhabitual”. Así es como Aarón Zapico, director de Forma Antiqva, define este programa que, desde febrero pasado, tiene también forma de disco. De sópitu es, sin duda, un desafío a las categorías musicales y, a la vez, una celebración de la música. Un puente entre la música barroca y el folclore del norte de España.
El repertorio que sonó en la iglesia del Convento de San Luis mostró la riqueza de una amalgama de piezas que brincan de una a otra de las villas del Cantábrico español, mutando y manteniéndose vivas y actualizadas a lo largo de los años. El programa es, además, una simbiosis de instrumentos históricos con el folclore, de la tradición oral con la académica y, en definitiva, una experiencia que requiere una alta dosis de creatividad en su creación y en su interpretación. Si el desempeño de los instrumentistas fue maravilloso, la voz de Pablo García López, y su esfuerzo a lo largo del concierto, es brillante.
De sópitu, explica Zapico, “es una expresión asturiana que se puede traducir como ‘de repente’. Algo que sobreviene sin previo aviso, sin sospecha alguna. De manera descarada. De sópitu nació hace muchos años, aunque aún sin ese nombre”. Zapico sitúa su germen en La Haya, Holanda, “mientras estudiaba clave y devoraba repertorio en la biblioteca del conservatorio. Especialmente, aquel de William Byrd y los virginalistas ingleses, manuscritos italianos tempranos de danzas hipnóticas o ampulosas pastorales francesas”. Al músico, la robusta raíz popular de aquellas partituras le sonaba muy próxima, similar a algo vivido por él. “No dejé de sentir esa sensación de cercanía con cierto repertorio durante los años siguientes; una conexión fuerte entre mi hoy y alguna música de hace 300 años que no sé verbalizar o identificar pero que sé que está ahí y que la encuentro en muchos autores, formas musicales y géneros”. Años después, el resultado se ha materializado en este programa, compuesto por seis secciones inspiradas en figuras de la mitología asturiana y que funcionan como una escena viva, donde la música se transforma, se mezcla y se reinventa con una mirada actual que entiende la tradición como algo dinámico y en movimiento.
De sópitu es también, según ha contado el propio Zapico en los medios de comunicación, una declaración artística valiente y profundamente personal suya y de su grupo. Lejos de ser una simple recopilación de piezas tradicionales del norte de España, el proyecto propone una lectura radicalmente nueva. Zapico aplica técnicas barrocas a un repertorio popular que, en sus palabras, “había sido olvidado por la academia española”. El resultado es una fusión honesta y emocional, donde la perfección técnica cede paso a la expresividad directa, incluso con notas imperfectas o voces quebradas.
Aunque el repertorio tiene raíces en el ámbito celta —Asturias, Galicia, Cantabria, Irlanda—, el director de Forma Antiqva evita encasillamientos y defiende una aproximación libre, donde la emoción guía más que el estilo. La colaboración con el tenor Pablo García López refuerza esta visión: su voz, despojada de impostación, se convierte en un instrumento emocional más. De sópitu no es solo un experimento musical, sino una forma de tender puentes entre tradición y modernidad, entre lo académico y lo popular, con una autenticidad que conmueve.
Forma Antiqva, con más de dos décadas de trayectoria, es uno de los conjuntos más influyentes de la música clásica en España. Invitados habituales en los principales teatros y festivales del país y del extranjero, han sido embajadores del patrimonio español en escenarios como el Rudolfinum de Praga, la Expo de Dubái o el Festival de Händel en Halle. Su discografía, publicada por el prestigioso sello alemán Winter & Winter, ha sido aclamada por la crítica internacional.
De hecho, no es la primera vez que Forma Antiqva actúa en el Festival de Vélez Blanco. La última vez fue en 2023 con la ópera Los elementos, del compositor Antonio Literes. También formaron parte del cartel en 2021 con Farándula Castiza, obra que interpretaron en el patio de honor del castillo.
Aarón Zapico, al frente de esta nueva aventura musical, es una de las figuras más destacadas del panorama actual. Su labor como director, docente y creador de proyectos innovadores ha sido reconocida con numerosos premios y distinciones. De sópitu se suma a una larga lista de propuestas que, desde la excelencia artística y el compromiso con el patrimonio, siguen ampliando los horizontes de la música antigua en el siglo XXI.
Víctor Visiedo
La Nueva España | 4 de julio de 2025
"Forma Antiqva" inaugura el Festival de Música Antigua de Gijón con una versión en concierto de De sópitu, su último trabajo discográfico.
Un viaje. Un improvisado recorrido a través de las conexiones existentes entre la denominada "música antigua" y la tradicional es lo que propone "De Sópitu", el proyecto discográfico -que funciona también como un sugerente programa de concierto- capitaneado por Aarón Zapico y el grupo langreano "Forma Antiqva" con el que, el pasado miércoles, se inauguró el Festival de Música Antigua de Gijón.
Si bien la expresión asturiana de la que el disco toma su título se refiere a una circunstancia o hecho sobrevenido sin previo aviso, el mayor de los Zapico ha dedicado casi veinte años a gestar este trabajo, que ha cristalizado en un disco de una hora de duración en el que se imbrican la tradición más popular asturiana del mundo de la tonada y los cancioneros con la música antigua y la praxis instrumental que "Forma Antiqva", uno de los mayores exponentes nacionales en la interpretación bajo criterios historicistas, ha alcanzado durante los últimos años.
Así, en el disco conviven piezas de autores sobradamente conocidos y consagrados en la historia de la música universal, como Henry Purcell, Georg Friedrich Händel, Nicola Matteis o Santiago de Murcia, con piezas de la tradición folclórica regional, como "El señor cura de la Piñera", "¡Que m’escurez!", "Tengo al mio Xuan en la cama" o "Santa Bárbara bendita", y también incluye danzas de la tradición cántabra, gallega, leonesa e incluso escocesa e irlandesa, explorando las conexiones entre los distintos repertorios a través del tamiz que ofrece una instrumentación propia y una estilizada praxis interpretativa que abraza los dos universos sonoros.
Todos estos materiales fueron recopilados por Aarón Zapico a través de diversos informantes y colaboradores, como Héctor Braga, Miriam Perandones, Roberto Oliveira o Jorge Jiménez, de los que se nutrió para moldear el disco desde una óptica desprejuiciada, que permite disfrutar de la tradición sin renunciar al lenguaje y la expresividad de una agrupación más versátil formada por Pablo García-López (voz), Alejandro Villar (flautas y zanfona), Pablo Zapico (guitarra barroca y archilaúd), Daniel Zapico (tiorba), Ruth Verona (violonchelo), Pere Olivé (percusiones) y Aarón Zapico (órgano y dirección).
Lanzado bajo su propio sello, a la producción del disco se han sumado varios nombres asturianos de contrastada importancia, como Ricardo Villoria, Fernando Arias, Ismael González, Xurde Álvarez y los propios hermanos Zapico.
Los 24 temas que conforman el proyecto discográfico sonaron en la apertura del Festival de Música Antigua de Gijón, en el Centro Cultural Antiguo Instituto Jovellanos, y en algunos casos contaron con el acompañamiento de los bailarines Loreto Suárez y Luis Ángel Fernández.
Jonathan Mallada Álvarez
Ritmo | 29 de mayo de 2025
Forma Antiqva irrumpe “de sópitu”: con desparpajo, naturalidad y la maestría que permite crear sin ataduras. Este disco hace dialogar, sin complejos, la música culta y la tradición oral asturiana, cruzándolas con descaro en un viaje que también recala en Galicia, Cantabria, Irlanda e Inglaterra. Panderetas y castañuelas coquetean con la tiorba y la zanfona, mientras Pablo García-López, en un salto estilístico de vértigo, pasa del lirismo más pulido a la voz natural, explora registros cómicos y roza incluso el susurro pop en Danny Boy, emotivo contrapunto a la irreverencia de unas coplas que no conocen censura.
Brillan los hermanos Zapico, Alejandro Villar, Ruth Verona y Pere Olivé, impecables en un mestizaje que guarda el equilibrio entre la exigencia técnica, la naturalidad y la espontaneidad. Son capaces de hacer sonar la Pifa del Mesías como si brotara de una fiesta popular y la canción asturiana como refinada música de cámara. La complicidad con García-López es absoluta: se adaptan mutuamente, ajustando los matices y carácter con precisión y fluidez, sin renunciar a la riqueza expresiva de cada estilo.
El primer disco del nuevo sello discográfico Zapico Records es un trabajo libre, magnético y sí, imposible resistirse a él desde el primer momento.
Mercedes García Molina
Mundoclásico | 23 de mayo de 2025
Siempre es loable reconocer el papel de la mujer en la historia de la música. Y si la empresa trata de descubrir al respetable de nuestros días el preponderante protagonismo que la mujer de teatro atesoró en el siglo XVIII español, uno se pregunta por qué nunca antes se tuvo la iniciativa de llevarla a cabo. Eso es precisamente lo que ha venido a presentar
Cómicas en el Teatro de la Zarzuela, un acercamiento a las mujeres de teatro en la España dieciochesca a través del género estrella de la época, la
tonadilla escénica de la mano de uno de los grupos de música antigua más dinámicos de nuestro país,
Forma Antiqva, a las órdenes de su fundador, el clavista Aarón
Zapico.
Este proyecto acogido por el Teatro de la Zarzuela se ha sustentado bajo la bien hilada dramaturgia, rigurosa en el rigor histórico y hábil en la ficción teatral, de
Antonio Álamo, que presenta las vidas y el arte de tres de las tonadilleras más taquilleras –valga la cacofonía- de su época, las auténticas
celebrities del XVIII español –llamadas vulgarmente cómicas, porque entretenían al público con chispa y humor -: María
Ladvenant, María Antonia Fernández,
la Caramba, y María del Rosario Fernández
la Tirana, esta última inmortalizada por Francisco de Goya en dos célebres retratos. Y es que entre Antonias y Rosarios se batía el cobre lo que luego en el XIX vino a denominarse casticismo.
Nos lo cuenta todo desde el principio a modo de melólogo –así lo detalla el programa de mano- la narradora
Cristina Medina, que, como maestra de ceremonias de este viaje en el tiempo al reino de la seguidilla, se dirige a los espectadores con gracia, garbo y mucha labia, realizando un repaso histórico por los reinados borbónicos del Setecientos –dando los palos que cada monarca se merecía, excepto a Carlos III, el mejor alcalde de Madrid- hasta aterrizar la cuestión principal: el público de aquel entonces quería reírse, y por ello surgieron las tonadilleras. Y con ellas, las tonadillas, que cantaban a ritmo de seguidilla y fandango, pero siempre tamizadas por el estilismo y la pirotecnia vocal de la ópera bufa napolitana.
A partir de ahí, asistimos a una crónica vital a 3, o a 4, contando con la narradora –que no para de contar cosas, y de cantar a veces, desafinando a propósito-, de las tribulaciones y desventuras amorosas –plagadas de machismo, abusos, abandono y, por qué no decirlo, existencias a medio camino entre la cortesanía y la prostitución- de esas tres mujeres que al mismo tiempo que conocieron las mieles del éxito fulgurante, cayeron en desgracia a edades muy jóvenes, hasta sus muertes en la miseria y completamente olvidadas por ese público que años atrás idolatraba a sus cantantes actrices.
Baste citar el arrepentimiento y crisis de misticismo que arrebató en sus últimos días a La Caramba, arrepintiéndose de su vida dedicada al teatro, pues el estatus de cómica estaba asociado a los vicios y al pecado. Cuánto tiempo tuvo que pasar para disociar esa etiqueta de las mujeres artistas.
Todo ello está tratado en esta propuesta escénica con finura y respeto a la figura de estas grandes artistas, con sus buenas dosis de humor sarcástico por parte de la cronista a la sociedad de la época, con la puesta en escena minimalista y el lujoso vestuario de
Jesús Ruiz, que consta de tres espejos a modo de tocador en los que se reflejan las tres mujeres, flanqueados por baúles y pilas de utensilios varios.
La directora de escena
Pepa Gamboa las mueve con distinción, con empaque y dignidad, ya sea individualmente o en grupo –en donde es esencial la iluminación cenital de Alfonso
Malanda-, haciendo partícipe en interacción con ellas a la omnisciente y omnipresente narradora de ciertos momentos de sus vidas rememoradas –pues
Cómicas es a nivel hablado una remembranza continua-, como por ejemplo los despechos o los alardes de seducción amorosa de los que hacen gala, sobre todo la Ladvenant y la Tirana.
Musicalmente, los espectadores tienen la oportunidad de escuchar una selección de tonadillas a solo, a dúo o en terceto –de gran extensión muchas de ellas- que han sido recuperadas a partir de manuscritos conservados en los fondos de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid, y que han contado con la edición musical de
Antoni Pons.
Así, podemos disfrutar en este espectáculo de tonadillas de autores como
Pablo del Moral, José
Castel, Pablo
Esteve, Blas de
Laserna y Antonio
Rosales, puntales del género que escribieron para el lucimiento de estas tres y de otras muchas damas de la canción española del momento. A modo de transición, el espectáculo incorpora brevísimas páginas instrumentales de los mismos autores y de otros como
Hasse (ópera
Il Demetrio) o
Haydn (Sinfonía nº 28).
Es sabido que Francisco Asenjo
Barbieri a mediados del XIX con
la zarzuela Chorizos y polacos y Federico
Moreno Torroba en los años cuarenta del siglo XX con
La caramba rindieron tributo a dos de estas mujeres reflejando la rivalidad entre la Caramba y
la Figueras, las artistas del Teatro del Príncipe y del Teatro de la Cruz –no mencionados curiosamente en estas
Cómicas-, una pugna que se pone de manifiesto concretamente en la dramaturgia de Álamo y la dirección de Gamboa en la tonadilla a tres
La quejosa de Blas de Laserna, con un trabajo escénico de pantomima magníficamente teatralizado por las tres cantantes que han protagonizado este importante capítulo de nuestra historia musical.
El trío de ases formado por las sopranos
Jone Martínez, Pilar
Alva-Martín y María
Hinojosa Montenegro realizan memorables recreaciones de sus personajes, luciéndose vocalmente a solo o en conjunto, siendo el sostén musical de muchos quilates. Sería deshonroso destacar a una cantante por encima de otra, porque las tres derrocharon musicalidad a raudales y fueron excelentes actrices –hicieron gala de tonadilleras en toda regla.
Aun así, debemos manifestar que quedamos grandemente impresionados por la sensibilidad y carisma canoro de Pilar Alva-Martín, de finísimo timbre y pulcros ornamentos, regalando en solitario instantes de primoroso canto, como la tonadilla
El sueño de José Castel, extensa aria a la que supo dotar de diversos cambios de carácter, que complementó con una estrofa de
La quejosa, que luego cantarán conjuntamente, obra también de Laserna. Igualmente, Jone Martínez, una de las sopranos más demandadas de música barroca, dio el contrapunto a sus compañeras en belleza vocal, afinadísimo
instrumento, control del vibrato y exquisita línea vocal, mientras que la vocalidad más afilada de María Hinojosa priorizó enfatizar las frases a modo de histrión.
Como colofón, tras la narración de los últimos días de las tres cantantes, las cuales se alternan en cada estrofa de
El enfado de Mariquita de Blas de Laserna, el trío de féminas lanza diatribas contra los hombres y la mala reputación de que gozaban las mujeres en la tonadilla abiertamente reivindicativa, feminista a su manera,
La defensa de las mujeres (“Armada de razones”) del mismo compositor, con interpolaciones a ritmo de boleras que convirtieron la pieza en una exhibición de tronío entre vítores que nos hacía recordar el espíritu andaluz que en el siglo XX iba a reverdecer en la forma de la copla española, la continuación de esta tonadilla que venía a adueñarse de los escenarios españoles del XVIII. Y para cerrar el círculo, en un hermoso detalle de justicia poética, vuelven a nombrarse a todas esas mujeres a la vez chulescas y valientes que revitalizaron e hicieron célebre el teatro de su tiempo, una por una, al grito de ¡Presente!
En el foso del teatro de la plazuela de Teresa Berganza, la orquesta barroca Forma Antiqva de Aarón Zapico suscribía con pulso ágil y nitidez instrumental –con nutrida cuerda, un colorido bajo continuo de clave, guitarra y tiorba a cargo de los tres hermanos de la saga (Aarón, Pablo y Daniel), dos oboes y un sonoro par de trompas- que este repertorio de las cómicas tonadilleras merece un lugar destacado en los anales de la historia musical.
Germán García TomásDiario Córdoba | 14 de mayo de 2025
El tenor cordobés y el grupo liderado por Aarón Zapico llenan la iglesia de la Merced en la presentación del disco en Andalucía
El Festival Primavera de Córdoba ha ofrecido este miércoles un nuevo concierto, esta vez, en la iglesia de la Merced, con el tenor cordobés Pablo García López y el conjunto instrumental de los hermanos Zapico, Forma Antiqva, como protagonistas. Recién llegado de Madrid, donde pone voz estos días a la ópera Don Juan no existe, y vestido por el diseñador Issey Miyake, Pablo García López y la formación asturiana deleitaron al público con los temas del disco De Sópitu, una producción obra del director de orquesta Aarón Zapico fusiona instrumentos históricos y folclore y la tradición oral con la académica.
El concierto hizo un repaso por canciones, fandangos, saltones, jotas, giraldillas y otros brincos del norte empezando con una serie de canciones tradicionales asturianas que fueron salpicándose con temas de la tradición gallega, irlandesa, murciana, algún romance cántabro y escocés y obras de John Playford, Martín Codax, la Sinfonía de los pastores de Händel o la Danza de los marineros de Henry Purcell, que hicieron las delicias del público cordobés.
Araceli R. Arjona
Beckmesser | 10 de mayo de 2025
Voces indómitas
Cómicas, tonadilla escénica. Jone Martínez, María Hinojosa, Pilar Alva-Martín, Cristina Medina. Dirección musical: Aarón Zapico. Orquesta Barroca Forma Antiqva. Dirección de escena: Pepa Gamboa. Teatro de la Zarzuela, 8 de mayo de 2025.
Muy inteligente planteamiento escénico y musical el de este espectáculo, que nos lleva a un tiempo en el que las estrellas de moda eran las llamadas tonadilleras, mujeres con desparpajo, inventiva y a veces dotes canoras y musicales. Eran, como se suele decir en los tiempos actuales, las Reinas del mambo, cuyas actuaciones, relaciones, amores y desplantes se desarrollaban en un contexto social y político muy determinado y determinante. “Voces indómitas de una revolución que aún resuena” (Aarón Zapico).
Una visión panorámica y bienhumorada de esa época, de sus circunstancias históricas y políticas nos la dio en esta función, siguiendo el agudo texto de Antonio Álamo, la actriz-narradora Cristina Medina, suelta y resuelta, expresiva y locuaz, que se paseó a lo largo y a lo ancho del recinto zarzuelero, aunque no siempre sus palabras, sin amplificar, fueran escuchadas con nitidez. Ensambló bien, una vez en el escenario, con intervenciones menos abundantes y bien reguladas, con las tres protagonistas de la historia, las famosas María Ladvenant, María del Rosario Fernández, La Tirana, y María Antonia Fernández, La Caramba, estas dos curiosamente apellidadas de la misma manera.
Una vez hecha la presentación comenzó el rosario de intervenciones canoras y actorales y escuchamos una bien labrada y abundante selección de tonadas o tonadillas, bien elegida entre cientos. Desfilaron ante nosotros piezas de Laserna, Castel, Rosales y Esteve, dichas con gracejo, cantadas con gusto e intención, precedidas en una primera parte titulada El Melólogo, de pentagramas instrumentales de Hasse, Haydn y Álvarez Acero (Fandango) y de los propios tonadilleros muy bien elegidas y distribuidas. Se sucedieron así, en un continuo y auténtico chorro bienhumorado, músicas y palabras.
Con todo ello nos lo pasamos muy bien, aunque a algunos el espectáculo, sin descanso, se nos llegó a hacer excesivamente largo y repetitivo, moroso y reincidente. Las tonadillas, muy variadas, no ofrecen en sí ninguna complejidad musical y se asemejan unas a otras con frecuencia, ya que se construyen sobre esquemas y compases poco variados.
El espectáculo, que daba la impresión se iba a cerrar en un momento determinado, continuó muchos minutos más hasta redondear la hora y tres cuartos. Tampoco importó tanto a la postre porque estaba fundamentado en bases auténticas y contaba con tres voces de soprano de calidad y con cuatro actrices (incluyendo la narradora) diríase que consumadas.
Tres voces, en efecto, muy interesantes. Jone Martínez (María Ladvenant) es una soprano lírico-ligera, más lo segundo que lo primero, de aérea emisión, claridad solar e impoluta afinación. Su primera intervención con el Allegro “Silencio mosqueteritos” de La guía nueva de Castel, ya nos dio la pauta. Con las coplas de la misma tonadilla se lució Pilar Alva-Martín, a quien no conocíamos. La voz no es especialmente timbrada, pero adquiere de vez en cuando variados y muy interesantes tornasoles, Cantó con aplomo y soltura.
Como los aportados por María Hinojosa, instrumento de mayor empaque lírico, bien provisto de armónicos, sólido y firme en los apoyos, sin que el evidente vibrato llegue a perjudicar la sana emisión. Se lució en sus variadas intervenciones y también con sus compañeras en la interpretación de la tonadilla de Laserna La defensa de las mujeres, que cerraba el espectáculo.
Para que todo discurriera con fortuna, animado, fluido, ameno era preciso contar con un conjunto instrumental de época tan preparado, trabajado y bien ensamblado como la Orquesta barroca Forma Antiqva, que sonó con propiedad y con un espectro muy atractivo tras un comienzo con la Sinfonía de la ópera Demetrio de Hasse de irregular afinación y equilibrio. Pero luego, en general, todo fue como la seda. Un buen soporte para la exhibición de las tres voces. Estupenda la Obertura de la comedia La Cecilia de Laserna.
Y estupenda por supuesto la labor al frente de todo de Aarón Zapico, que se las sabe todas de este mundo y que al final, tras los saludos, se puso a dar palmas junto a las cantantes. Con los demás saludó también, claro, Pepa Gamboa, que trazó una puesta en escena animada y colorista con tres grandes espejos y un gran baúl, sus cajones y sus ropas, las de las disfrazadas tonadilleras, portadoras de trajes diseñados por el siempre creativo Jesús Ruiz, autor también de la idea del espacio escénico. Gran éxito ante un público que, pese a la excesiva longitud del espectáculo, se lo pasó muy bien.
Arturo Reverter
Culturamas | 10 de mayo de 2025
Estuvieron allí donde no se las esperaba. Una sociedad patriarcal en la que las actrices podían trabajar, siempre que sus maridos las autorizaran. Solteras, jamás. Se intentó que las reemplazaran jóvenes travestidos pero el público se negó, un público que se divirtió a lo grande, convirtiendo en estrellas a algunas de ellas, tres de las cuales son homenajeadas en el Teatro de la Zarzuela durante solo cuatro funciones.
Formidable espectáculo que debería contar con más representaciones, dada su altísima calidad en un montaje que cuenta con profesionales de bien ganado prestigio, algunos de los cuales por primera vez en este teatro y en el género.
Mujeres que no pidieron permiso para irrumpir con fuerza, aprovechando un fenómeno desconocido entre el sexo femenino: el apoyo incondicional de un público que ansiaba disfrutar de su belleza, valentía y sentido del humor, entre tonadillas de insólito relieve. Una vida plena, a pesar de matrimonios impuestos con hombres mayores, divertidas entre amantes y competiciones, a veces rabiosas, entre iguales… hasta que, entre los 25 y los 36 años, enfermaron y murieron en un trágico despliegue de miseria mayor, propia de mujeres que ansiaban independencia.
Todo sucede en escena con la colaboración de
Cristina Medina, que brota del patio de butacas, debutante en La Zarzuela. Actriz de gran talento y desparpajo, una todo-terreno ganadora de premios con dramas como
Ay, Carmela o sus espectáculos unipersonales como protagonista, productora y directora: narra acontecimientos históricos de guerras perdidas del 1700 en una España regida por los borbones, de no pocas miserias y, a la vez, triunfo temporal del teatro: ese arte tan efímero que desaparece con su última caída de telón.
Con su peculiar gracejo presenta época y personajes. Las cómicas distribuyen su simpatía y talento en un elegante espacio escénico para una puesta en escena que aúna estilo barroco y dinámica contemporánea (texto de
Antonio Álamo y dirección de
Pepa Gamboa) con la gran orquesta
Forma Antiqva, fundada hace más de veinte años en Langreo, Asturias, por los hermanos Zapico: Aaron, clave y director; Daniel, Tiorba, y Pablo, guitarra.
En una época que relegaba a la mujer a un segundo plano -si bien, se las disfrutaba como «malas pecadoras»- estas
Cómicas se colocaron en lugar preferencial, ridiculizando al poder masculino, desnudando las hipocresías sociales entre carcajadas y suspiros.
Inolvidable encuentro con un tiempo muy lejano que, sin embargo, tiene aún muchos puntos en común con la lucha de las mujeres por ser ellas mismas en un mismo plano de igualdad con el predominio masculino en todos los aspectos: económico, sexual, familiar...
Cada tonadilla era un acto de resistencia. La espigadera mostraba a la mujer trabajadora; La quejosa daba voz al descontento popular; La Cecilia y El enfado de Mariquita se se burlaban con audacia de los límites que se les querían imponer. Y en cada nota, en cada frase lanzada desde el escenario, vibraba un deseo incontenible de emancipación (Aarón Zapico, programa de mano).
Horacio Otheguy RiveiraMelómano | 5 de mayo de 2025
Melómano de Oro
Con De sópitu, Forma Antiqva da un salto audaz en su trayectoria. No se trata solo de una grabación, sino de un manifiesto musical en el que Aarón Zapico y su grupo transitan libremente entre la tradición y la música académica. Acompañados por la poderosa voz de Pablo García-López, el ensemble fusiona la expresividad barroca con la intensidad del repertorio popular del norte de España e islas británicas, logrando una propuesta que es tanto innovadora como profundamente enraizada en la historia.
El repertorio combina danzas, romanceros y canciones tradicionales con obras de Haendel, Purcell o Santiago de Murcia, interpretadas con un enfoque visceral y fresco. Las ornamentaciones, la libertad rítmica y el uso de instrumentos históricos revitalizan las piezas sin desnaturalizarlas. De sópitu evoca la cercanía entre lo popular y lo culto, un concepto que Zapico persigue desde hace años y que cristaliza aquí con un sonido vibrante, lleno de matices y sutilezas que desafían las barreras estilísticas.
El resultado es un disco lleno de espontaneidad, en el que cada nota parece surgir con la urgencia de lo vivo. La voz de García-López, despojada de impostaciones y artificios, se funde con la riqueza instrumental de Alejandro Villar (flautas y zanfona), Pablo Zapico (guitarra barroca y archilaúd), Daniel Zapico (tiorba), Ruth Verona (violonchelo) y Pere Olivé (percusiones). Cada interpretación está marcada por una autenticidad que rehúye la perfección aséptica y abraza la emoción pura, con un equilibrio entre lo instintivo y lo refinado que resulta profundamente cautivador.
Se trata de un disco que desafía etiquetas y nos recuerda que la música, cuando se toca con pasión y conocimiento, siempre es actual. El oyente puede percibir la vitalidad y la frescura de una tradición que sigue viva, reinventándose a cada instante sin perder su esencia.
Pedro Téllez
La Nueva España | 8 de marzo de 2025
El ciclo «Conciertos del Auditorio» volvió a dar muestras, el pasado jueves, de la importancia que supone una temporada de estas características para Oviedo y para Asturias, donde se conjugan el talento internacional con la calidad local que atesoran agrupaciones como «Forma Antiqva». En esta ocasión, el ensemble langreano que dirige Aarón Zapico, había configurado un programa atractivo que, bajo el título «Vivaldiana», se mostraba como un mosaico bien sonante formado por teselas de diferentes obras de Vivaldi, Haendel, Boccherini o Nebra, siempre bajo el denominador común del dinamismo, la teatralidad y la sonoridad tan particular que extraen este tipo de agrupaciones con instrumentos de época.
La concepción del programa fue otro de los grandes aciertos, pues las piezas se ligaron sin solución de continuidad en un todo barroco muy orgánico como ejemplificaba «La casa del Diavolo» (de Boccherini), empleada para cerrar cada una de las partes del concierto. La versatilidad que ofrece «Forma Antiqva» se tradujo en una plantilla con casi una treintena de músicos que se ajustaron, en todo momento, al carácter de cada una de las piezas. Las dos chelistas, por ejemplo, se lucieron en el «Largo» del «Concierto para dos violonchelos, cuerda y bajo en sol menor» de Vivaldi, donde explotaron las posibilidades expresivas de sus instrumentos, de bella y carnosa sonoridad.
Quizá en el «Allegro I» del mismo concierto se vieron algo deslucidas por un registro grave, pero se desquitaron en el «Allegro III» con una pujanza y brillantez soberbias. No obstante, la gran fortaleza del conjunto comandado por Aarón Zapico es que su calidad individual sirve como fin a unos excelentes resultados colectivos. Su disciplina y experiencia les permite encarar cualquier tipo de contraste en términos relativos a la tímbrica, la intensidad o los tempi, resultando ejecuciones dinámicas y efectistas, como en las oberturas de «Iphigenia en Tracia» y «Vendado es amor, no es ciego», ambas del español José de Nebra, sin descuidar la delicadeza de algunos momentos más introspectivos como en el «Adagio molto» de «L’Autunno» (Vivaldi). Otra de las obras más emotivas fue el «Largo» del «Concierto para laúd, dos violines y bajo en re mayor» (Vivaldi), con unos graves profundos que mecían a una cuerda delicada -mención especial a Pablo Zapico- repleta de brillantez, perfectamente ensamblada para recrearse en el exquisito lirismo de la pieza.
Mismos resultados se pudieron observar en el «Allegro-Largo-Larghetto-Adagio-Largo-Allegro» del «Concierto para cuatro violines, cuerda y bajo en si menor» de Vivaldi, siempre con frases musicales diferentes, matizadas y tratadas con gran meticulosidad por parte de cada uno de los intérpretes. El «Concierto para dos trompas, cuerda y bajo en fa mayor» también resultó del agrado del público y permitió lucirse a los dos solistas, algo dubitativos en el «Larghetto», pero muy sólidos en el «Allegro» y el «Andante sostenuto». Aarón Zapico fue el encargo de dirigir a la formación, demostrando el trabajo previo en cada una de las obras para rubricar casi dos horas de dinamismo y teatralidad a cargo del barroco más plural.
Jonathan Mallada
El grupo langreano, comandado por Aarón Zapico, convenció al público ovetense con su propuesta «Vivaldiana», donde destacó la elevada calidad interpretativa de la formación asturiana, que encontró una cálida respuesta de los espectadores | 7 de marzo de 2025
La primera de las tres citas del ciclo «Conciertos del Auditorio» –organizado por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo en colaboración con el diario LA NUEVA ESPAÑA– que tendrán lugar en este mes de marzo se saldó anoche con unos resultados brillantes, tanto a nivel artístico, como de público, aunque en vista de la calidad interpretativa que Aarón Zapico sabe imprimir a sus agrupaciones, lo sorprendente habría sido no cosechar unos resultados tan notables.
«Forma Antiqva», el ensemble fundado por los hermanos Zapico, regresaba al Auditorio Príncipe Felipe tan sólo un año después de su última participación en el ciclo municipal y, para la ocasión, habían diseñado un programa atractivo y diferente titulado «Vivaldiana» que aglutinaba movimientos de distintas piezas del compositor italiano junto a otras de autores igualmente de referencia en el periodo barroco, como Haendel, Boccherini o Nebra.
Para encarar este sugerente reto, «Forma Antiqva» lució un aspecto inmejorable con casi una treintena de músicos sobre el escenario, poniendo de manifiesto su versatilidad para adaptarse a cualquier tipo de repertorio. Sin embargo, el numeroso conjunto se mostró como un solo componente en cada entrada, con una precisión excelente para resolver los continuos juegos forte-piano, los tempi e incluso cierto juego con la tímbrica que adquiere unos tintes muy particulares ante los instrumentos historicistas que utilizan los miembros de la formación de origen langreano.
Entre el variado repertorio destacaron las piezas del «Concierto para dos violonchelos, cuerda y bajo en sol menor» (de Vivaldi), con unas melodías cuidadas y cierto virtuosismo en las solistas; el «Allegro-Largo-Larghetto-Adagio-Largo-Allegro» del «Concierto para cuatro violines, cuerda y bajo en si menor» (también de Vivaldi), ciertamente luminoso y efectista; o el «Andante sostenuto-Allegro assai» y el «Andantino con moto» de «La casa del Diavolo» de Boccherini.
Finalmente, tras prácticamente dos horas de recital, el público premió con aplausos el buen hacer de los músicos y Aarón, en nombre de Forma Antiqva, agradeció a los asistentes su presencia y, antes de bisar una de las piezas del concierto, comentó el privilegio que suponía para ellos «tocar en nuestra casa».
Jonathan Mallada
ABC | 19 de enero de 2025
El conjunto instrumental y vocal Forma Antiqva, creado en Langreo (Asturias) por los hermanos Zapico, llegaba a Sevilla con su propuesta sobre 'Los Elementos' del mallorquín Antonio Literes, consiguiendo la aclamación a su trabajo por parte del público sevillano.
Antonio Literes nació en Artà (Mallorca) y a finales del siglo XVIII entró a formar parte de la Capilla Real (Madrid) como violón (violonchelo), seguramente por intermediación de su paisano Juan Massanet, capellán del Altar del Rey. Su obra se vincula mayoritariamente a la música dramática antes que a la litúrgica, posiblemente por la importancia y prestigio que tuvo el maestro José de Torres en este campo, además de por ocupar un rango superior a él en la Capilla Real. Pero ambos dieron un gran impulso a la cantata, como también compartieron el encargo de reponer y renovar el repertorio musical perdido en el incendio del Real Alcázar de Madrid la Nochebuena de 1734.
'Los elementos' cuenta con dos grabaciones hasta ahora (López Banzo, Magraner), que abrieron el camino hacia esta,la misma que desde un principio nos pareció pedir desesperadamente el disco: no es posible que tanta belleza se pierda en el frágil baúl de la memoria o el desconocimiento de quienes no asistieron (sólo media entrada para un verdadero acontecimiento). Qué frescura, qué coherencia, que altísimo nivel...
Para empezar, al contar con cuatro cantantes muy jóvenes, que en poco tiempo se han convertido en referencias de una generación verdaderamente preparada, llena de musicalidad y con ganas de reverdecer el panorama vocal español, en este caso el femenino. Hemos oído anteriormente a tres de las cuatro cantantes, y a todas ellas les hemos dedicados nuestros más sinceros elogios; así que aquí no había sorpresa. Tampoco en la obra, ni en el buen hacer de los hermanos Zapico.
El entusiasmo desbordante de todos cuantos asistimos a esta velada fue por oír a cada una de estas voces con un brillo, una lozanía, un mimo en el canto extraordinarios, y a un ensemble completamente parejo. Jone Martínez (Aire) y Lucía Caihuela (Tierra) abrían vocalmente la «ópera armónica al estilo italiano», y ya desde ahí comenzaba el encantamiento. Martínez encontró en el Aire un elemento afín a su elegancia, naturalidad y sobre todo un registro verdaderamente bien timbrado, que sabe presentar con gusto desgranándolo como perlas en cualquier vocalización o melisma; o como en este primer encuentro, con el trinar de los pájaros, gusto que compartió con Caihuela.
Su presentación individual vino con el recitado 'El Aire soy', seguramente lo más cerca de un recitativo como lo entendemos hoy, introducido también por una escala que ascendía como un tornado, para luego dejarse llevar por una expresividad convincente, de soplo refinado lejos de la tierra, escoltada por el violín de Jorge Jiménez, otro actante capital en el éxito de la obra; pero insistimos en que fue una interpretación magistral sobre una partitura que rezumaba inspiración y acierto en cada compás.
'Los elementos' cuenta con dos grabaciones hasta ahora (López Banzo, Magraner), que abrieron el camino hacia esta,la misma que desde un principio nos pareció pedir desesperadamente el disco: no es posible que tanta belleza se pierda en el frágil baúl de la memoria o el desconocimiento de quienes no asistieron (sólo media entrada para un verdadero acontecimiento). Qué frescura, qué coherencia, que altísimo nivel...
Para empezar, al contar con cuatro cantantes muy jóvenes, que en poco tiempo se han convertido en referencias de una generación verdaderamente preparada, llena de musicalidad y con ganas de reverdecer el panorama vocal español, en este caso el femenino. Hemos oído anteriormente a tres de las cuatro cantantes, y a todas ellas les hemos dedicados nuestros más sinceros elogios; así que aquí no había sorpresa. Tampoco en la obra, ni en el buen hacer de los hermanos Zapico.
El entusiasmo desbordante de todos cuantos asistimos a esta velada fue por oír a cada una de estas voces con un brillo, una lozanía, un mimo en el canto extraordinarios, y a un ensemble completamente parejo. Jone Martínez (Aire) y Lucía Caihuela (Tierra) abrían vocalmente la «ópera armónica al estilo italiano», y ya desde ahí comenzaba el encantamiento. Martínez encontró en el Aire un elemento afín a su elegancia, naturalidad y sobre todo un registro verdaderamente bien timbrado, que sabe presentar con gusto desgranándolo como perlas en cualquier vocalización o melisma; o como en este primer encuentro, con el trinar de los pájaros, gusto que compartió con Caihuela.
'Ay, amor' es una arieta sin recitado previo, pero que aprovechó Martínez para otro recital de canto, esta vez acompañada por los dos violines, asumiendo en esta ocasión el papel de Aurora. De igual forma, otro momento de hondura expresiva lo constituyó 'En brazos del Alba', introducida y acompañada por el chelo de Ruth Verona, especialmente profundo en el canto ondulante de la primera estrofa y de ámbito más bajo que el resto, lo que no fue un problema para la soprano.
El ardor del Fuego lo concentró Pilar Alva desde el recitado 'Mas si fuese la planta fugitiva',evidenciando con él la violencia de su elemento, luego mitigada por la arieta 'Fuego encendido' en la que dejó ver las irisaciones de su canto, y donde podíamos vislumbrar ese brillo y distinción que también hemos señalado en Martínez; pero también lo hacía sobre un ritmo animado, diríamos que netamente español, en el que el metro ternario (en todas las arietas) refulgía como nunca (un ritmo considerado como 'conservador'), pero en cuyo interior se alojaba cualquier combinación métrica que se presentase, incluidas las 'hemiolas' -una quiebra rauda del ritmo- sobre todo en su acentuación. Así que esta ruptura entre el recitado, ya de por sí novedoso -por lo italianizante- como por su carácter preparatorio, ambos eran elementos que rompían con la tradición. Y el movimiento alcanzado era tan irreprimible que el mismo director no pudo evitar llevarlo ostensiblemente con el pie, zapateándolo al compás de la torrencial métrica. Todavía pudimos oír a Alva en 'Sedienta de influjos', que contenía una rica e inspiradísima coloratura sobre 'ardores', que luego repetiría el violín de Jorge Jiménez en otra intervención deslumbrante.
Hemos oído a Caihuela con la OBS, tanto dirigida por Adrián Linares como por Alfonso Sebastián. Pero quizá porque los records no se baten en casa, sino junto a otros, a la mezzo no la habíamos oído con tal intensidad hasta ahora, aunque en su momento comentáramos que no se podía llegar más allá. Su registro se henchía de naturalidad evitando cualquier efectismo, incluso cuando tenía que alcanzar graves comprometidos; y ni aún así engolaba ni la dejábamos de entender cuanto cantaba. Gráciles agudos, expresión ora intensa, ora serena, desde el mismo recitado 'No podrá', al que siguió una festiva arieta ('De flores vestida'), que a pesar de este carácter lúdico no evitaba plantear graves expuestos, que la mezzo superó con naturalidad. Y todavía en el rol de Tiempo la oímos subrayar el énfasis que Literes puso sobre la palabra 'fallece' con un apenado descenso cromático sobre sus sílabas, lamento inmediatamente imitado por el violonchelo, como hemos dicho, un acompañante providencial en sus intervenciones.
Soraya Méncid, nuestra nueva reina del Concurso de Voces Jóvenes de Sevilla fue el Agua, rol que nos cautivó desde su recitado inicial ('Y al rápido sonido de mi aliento'), precisamente con escalas vertiginosas ascendentes, como rayos, para caer en una arieta ('Olmo apacible') donde un canto bien templado y sereno equilibraba las sombras con el sol. No estuvo sola: el acompañamiento de la chelista ahondaba en la sensación cantada por Méncid, sin que olvidemos que se trataba de una música bellísima, de gran intimidad a la vez que intensidad.
Sin duda la arieta 'Suenen los clarines' le viene a Méncid como anillo al dedo, ya que desde un pasaje casi bélico en los extremos del aria debe alternarlos con los 'dulces violines' en la sección central, un brusco cambio de registro que conlleva el consiguiente peligro. Pero el más evidente lo tuvo con la coloratura sobre 'clarines', que la soprano supo marcar perfectamente; incluso la vimos coger aire antes de distribuirlo equitativamente sobre la 'i', para articular con claridad dicha vocal a la alta velocidad requerida.
Parece mentira que dos violines, un chelo y un contrabajo, junto al clave, la guitarra y la tiorba de los Zapico se consiguiese un conjunto en el que hubiera sobrado un instrumento más. El equilibrio entre sí y con las voces fue extraordinario, y al margen de la providencial dirección de Aarón Zapico, el trabajo de Jiménez fue inconmensurable. Hemos subrayado su trabajo junto a las cantantes, pero en los intermedios musicales estuvieron igualmente sublimes.
La obra es una maravillosa adaptación de la música al texto, de manera que la fluidez de uno coincidiera con los acentos del otro. No hubo escenificación ni siquiera 'semi', pero sí hubo detalles como que cada cantante fuese vestida con un color que la relacionara con su elemento: el Aire, blanco, el Fuego, rojo (que sería casualidad, pero el pelo rubio y ondulado de Alva podría pensarse como llamas), el Agua entre azul y verde, y la Tierra, marrón.
De igual manera, hubo interés en que tanto la música como los movimientos de las cantantes diesen la imagen de continuidad entre recitados y arietas, e incluso entre estas y las siguientes 'escenas', a veces permaneciendo las cantantes en el escenario cuando la siguiente cantante ya estaba en él o ya se había ido.
Como siempre, esta maravilla hubiera sido otra cosa sin los sobretítulos, que siempre nos gusta agradecer. Y no sabemos de los intríngulis de las grabaciones, pero nos gustaría tanto que esta conjunción interestelar no se la llevara el viento… (ni el fuego, ni el agua ni la tierra siquiera).
Carlos Tarín
Diario de Sevilla | 18 de enero de 2025
En 1703 llega a Madrid, por iniciativa de Felipe V, la primera compañía italiana de ópera. Dos años después, el mallorquín Antonio Literes manifiesta la rápida asimilación del estilo italiano por los compositores españoles que, en este primer cuarto del siglo XVIII, aún no abandonan del todo los usos estilísticos del teatro musical hispano. Así, en esta serenata alegórica más que ópera se alternan arias da capo y ritornelli instrumentales con tonadas, coplas y hemiolias, en un seductor panorama de melodías, ritmos y armonías. No hay acción propiamente dicha, sino un juego alambicado y gongorino de alegorías llenas de imágenes poéticas contrastantes que conducen a la gloria de Felipe V/Sol en un contexto cronológico dominado por la Guerra de Sucesión Española.
Aarón Zapico, al frente de una reducida muestra de su grupo Forma Antiqua, con dos violines (Jorge Jiménez y Daniel Pinteño) y un nutrido continuo (Aarón, Daniel y Pablo Zapico, Ruth Verona, Jorge Muñoz), imprimió de principio a fin un ritmo muy movido, con especial atención a los cambios métricos y a remachar con energía los acentos musicales, aprovechándo las espléndidas prestaciones de los instrumentistas, con un sensacional Daniel Zapico a la tiorba y una brillante Ruth Verona al violonchelo.
Simplemente espectacular el cuarteto de voces, de dicciones nítidas y emisiones brillantes. Un bello muestrario de timbres y colores, desde la profundidad seductora de Caihuela (¡qué manera tan expresiva de cantar los recitativos!) a la dulzura de Martínez (con bellas ornamentaciones en las repeticiones de sus arias y tonadas), pasando por el brillo y las coloraturas de Alva y Méncid, protagonistas de un brillantísimo dúo cuajado de agilidades. Todas coronaron felizmente las coplas finales.
Andrés Moreno